Tailandia. Parte 1 de 2. Día 344. Vuelta al mundo. Round the world trip.


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Thailand's flag
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March 13th 2006
Published: October 15th 2006EDIT THIS ENTRY

ConfucianoConfucianoConfuciano

En el Wat Arun, Bangkok.
Información. Día 344. 5 de abril de 2006. Llegué de India. Salgo a Laos. Etapa actual: Sudeste de Asia. Próxima etapa: China.

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Info: Day 344. April 5th, 2006. Came from India. Going to Laos. Current stage: South East Asia. Next stage: China.

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(Sorry for the inconvenience of this Spanish-only blog. This trip leaves me no time nor energy for translation --try Google translator, let's see what happens!. For some of you, this will be a good chance to practice and hopefully improve your Spanish. For the rest, I hope photos themselves will be of worth.)

DÍA

MegabudaMegabudaMegabuda

En el Wat Pho, Bangkok.
258. 9 DE ENERO DE 2006. BANGKOK, TAILANDIA: EL FIN DE LA ABSTINENCIA

El cambio de contexto me desestabilizó. Con frecuencia pienso que estoy en Nepal --lo atribuyo a los monjes budistas en sus vestimentas color naranja y a los ojos razgados de la gente-- y me cuesta recordar que es Tailandia. A pesar de que no se parece ni tantito. Ni a Nepal ni a India.

En primer lugar, por el nivel de desarrollo. Hay occidentales que llegan de Europa y se quejan, pero yo vine de India y mi primera reacción fue decir: "¡Órale, esto es la civilización! (No lo esperaba.) Desde las autopistas urbanas --aquí el segundo piso es cuento viejo, aunque se paga cuota de medio dólar por usarlo-- hasta la limpieza de las calles. Y una cosa más, que es una bendición que agradezco enormemente: los conductores no manejan con el claxon (bocina). Es raro el que pita y a pesar del intenso tráfico, no hay ni la quinta parted del ruido. ¡Qué maravilla!

También por la cantidad de farangs (occidentales) que hay por las calles. En las zonas turísticas son una invasión, pero también abundan en el resto de la ciudad, son de lo más común. No había visto tanto güero (rubio) desde Ciudad del Cabo, hace ya, uuuuuh, muchos meses. En India, en cambio, me sorprendió porque en muchas áreas turísticas casi no se ven extranjeros.

Un tercer elemento es que aquí sí hay vida nocturna, con toda abundancia, aunque casi todos los sitios están obligados a cerrar entre 1 y 2. Los tais tienen bastante marcha --nada qué ver con los indios-- y eso se pega. Y aquí terminé por comprobar la teoría de que mi garganta se activa cuando hay marcha. Diez semanas de abstemio se acabaron el día en que llegué, ni uno más tarde.

Aunque, la verdad, no estaba tan convencido. Lo que me animó fue el razonamiento de que, si quiero conocer a los tais y conectarme con ellos es buena idea salir cuando ellos lo hacen, y llegué en sábado. Así que a la calle.

Primero fui al Gulliver's, un bar que ahora sé que es histórico entre los mochileros. La onda ahí es clara: entre la barra y las mesas de billar hay muchas jóvenes tais, pero ningún hombre tai, y todo el personal masculino es farang. Cualquiera puede entablar conversación --para eso se pusieron guapas las chicas--, pero a final de cuentas todo se reducirá a un ameno intercambio comercial. No, no era allí a donde quería ir.

Me dijeron de un bar 100% tai a media cuadra de allí. Genial. Era tan tai que, al ver mi cara de farang, no me cobraron el cover que cargan cuando hay grupo de rock. Parecía ser una banda muy popular, las chicas y los chicos se desgañitaban a gritos y manoseaban al cantante cuando se acercaba a ellos.

Ahí hablé como con tres chavos, todos muy simpáticos, todos muy emocionados con conocerme y todos con muy, muy poco inglés. Mi tai es todavía más limitado.

Así acabé en Soi Rambutri, una calle cerca de mi hostal donde ponen tapetes en el piso cuando los bares cierran, venden cerveza fría barata --Singha, más cara, o Chang-- y se amontonan todos los farangs que se quedaron con ganas de más. Lo maneja una sola chica tai, simpática y muy dinámica, suficiente para tener bien atendidos a decenas de turistas y para deshacerse de los resbalosos de cada noche.

Yo creo que algo se me desajustó con tanto tiempo sin alcohol y la cruda del día siguiente fue una barbaridad, sentía que la cabeza estallaba. Apenas pude salir a comprar pollo asado y jugo de naranja (que en realidad es mandarina), y hoy ya me siento mejor, pero no del todo. Tremendo esto de pasar por un periodo abstemio. Que no me vuelva a suceder.

DÍA 262. BANGKOK, TAILANDIA: DE JERARQUÍAS, COMPRAS Y MEXICO-AUSTRALIANOS



Periodistas ayudan a periodistas. En estos días tuve contacto con dos mujeres tai y un australiano que me ayudaron a empezar a observar la sociedad tai, en los dos primeros casos, y que me contó un chiste sobre "mexicanos".

May es una amante de la naturaleza. Me llevó a la librería de una gran tienda departamental para mostrarme el montón de libros de su autoría, sobre jardines e interiores de casas, que están actualmente en exhibición y venta. Le pregunté cuántos había publicado. "No sé. ¿Como doce?" Me regaló uno sobre casas de farangs (occidentales) en Tailandia. Qué buen gusto.

También me invitó la comida. Y a duras penas me dejó pagar la cuenta del café que tomamos más tarde, en un local muy fino y con poca clientela. Por ahí descubrí una de las diferencias culturales que generan choques entre farangs y tais: aquí, las líneas de las relaciones jerárquicas están muy bien definidas y no hay que traspasarlas.

En primera instancia, son de edad. La gente antepone títulos según se dirige a personas mayores o menores. Y hay responsabilidades: así como los menores deben obediencia y respeto, los mayores tienen que hacerse cargo de los chicos, tutelarlos y protegerlos.

También existe esa relación entre personas con dinero y sin él: cuando un grupo va a comer y hay un comensal ostensiblemente más adinerado, todo el mundo da por hecho de que va a pagar por todos.

Ésa es la razón de que May, unos diez años mayor que yo, se hiciera cargo de las cuentas. Y de que, para mi sorpresa, me explicara y solicitara que, siendo ella mayor, antepusiera un ceremonioso "pi" a su nombre. Yo pensé que lo decía de broma. Ella ha viajado mucho y por alguna ignota razón --acabo de darme cuenta--, los viajeros occidentales siempre esperamos que las personas que conocen las formas y los valores occidentales los acepten como comunes, como si existiera alguna especie de principio natural en ellos.

Inconscientemente, yo esperaba que May me explicara las costumbres tais pero que --entre nosotros, como viajeros-- las abandonara para ajustarse conmigo a esa equívoca noción de "costumbres universales" en las que entre ella y yo debe crearse una relación horizontal.

Pues nada. Era en serio. Estamos en Tailandia, el que se ajusta soy yo, la relación es vertical y yo la llamo pi May.

Hay que decir que pi May se esfuerza en cumplir ejemplarmente su papel: todos los días recibo mensajes SMS en el celular (ya tengo una tarjeta SIM -chip- local) en los que me sugiere alojamientos, restaurantes y museos.

Además me conectó con Piak, una periodista lesbiana que me explicó que la sociedad tailandesa no tiene problemas con los homosexuales. Yo había notado la presencia de muchos, principalmente hombres, y con diferentes niveles de feminidad, travestis y transexuales incluidos.

Esta tolerancia les ha permitido superar los encierros donde las sociedades occidentales suelen confinarlos --discotecas, cabarets y zonas rojas-- y participar normalmente de la vida social: trabajan de camareros, vendedores, relaciones públicas, cazaturistas, etc. No importa su apariencia.

En uno de los restaurantes a los que suelo ir trabaja lo que yo pensé que era una preciosa chica de unos 17 años, fina, femenina y tímida. Ayer le tocó atenderme y casi salté al escuchar su voz, grave y masculina. Por fortuna, sus opciones personales no han sido un obstáculo para encontrar trabajo y ahí está, tan contenta.

Piak me reveló otra clave de la sociedad tai. Ella escribe guías de viaje. Hace poco publicó una de Londres y ahora está haciendo la de París. Pero es tanto lo que se escribe sobre París, y tantas las guías de viaje, que le pregunté si no era más sencillo traducir al tai las guías en francés o inglés. Pues no. El viajero tai tiene particularidades e intereses que no se reflejan en las guías farangs. ¿Y de qué se trata? De las compras, colega, ¡las compras!.

Piak dedica mucho más tiempo a recorrer centros comerciales parisinos, tiendas y mercados, que a visitar museos. Una guía para tais debe dejarle claro al lector dónde se puede comprar esto y dónde aquello, si se puede regatear y cómo, maneras de aprovechar las rebajas, características y servicios de los malls, rutas de compras... todo para ir de shopping.

¡Con razón! Ya me parecía a mí que Bangkok está saturado de centros comerciales de súperlujo. El nivel de ingresos de los tais debe ser equivalente a un tercio del de los mexicanos, y aún así el montón de malls está repleto de gente todos los días. Y los mercados callejeros, y las tiendas... a los tais les fascina comprar.

A Ron, el periodista australiano, todavía no lo he podido conocer. Una cosa u otra lo ha impedido. Pero igual ya salió el chiste de mexicanos. Lo contacté a través de un amigo de Samantha. Se sorprendió cuando supo que soy mexicano "de México". Él es de Sidney, una ciudad al norte de Melbourne, la mayor metrópoli australiana. Los de Sidney lllaman mexicanos a los de Melbourne porque "vienen desde el sur de la frontera. Cuando me dijeron que me llamaría un periodista mexicano, pensé que sería un australiano de Melbourne".

Pues nada, compita, soy mexicano de los de a devis. Y si no me crees, ve sacando la tequila, a ver quién se pone más burro. ¡Ajúa!

DÍA 263. BANGKOK, TAILANDIA: POR FIN, UN MEXICANO



Una de las emociones más chidas en viaje por el extranjero es encontrar a otros mexicanos. No a todas las nacionalidades les pasa lo mismo: para algunos es muy común hallar compatriotas; otros creen que sus coterráneos son pesados o hacen el ridículo y prefieren disimular; los mexicanos hacemos fiesta.

Hace un par de noches planeaba quedarme en el cuarto a escribir. Como a las diez salí a buscar un sandwich. La chica del puesto callejero es muy charlitas y mientras me lo hacía platicaba con un chico moreno y alto. Su acento en inglés me pareció conocido y le pregunté que si era mexicano. Y es chilango, pa'cabarla de amolar. Abrazo, cotorreo, y él planeaba irse a dormir porque al día siguiente salía tempra de regreso a casa (¡lástima Margariiiito!) pero dos mexicanos juntos, pues tienen que celebrar, ¿no?, se nos sumó Santiago, un argentino salteño, y vámonos a Khao San road por unas chelas.

En el camino encontramos a un grupo de catalanes y ya hicimos bola, noche larga, buen cotorreo y mucho dialecto mexica.

El 1 de julio, en Johannesburgo, cené con Paulina Berumen, mi prima honoraria. Desde entonces, pir medio año, sólo había encontrado una mexicana, en Delhi: yo estaba en mi habitación, la escuché hablando en el
BlondebusBlondebusBlondebus

El bus en el que esperaba mezclarme con los tais comunes y corrientes.
pasillo --inconfundiblemente chilanga-- y salí corriendo a platicar. Pero eso era India, tan inadecuada para mexicanear, y yo estaba en medio de mi larga fase abstemia, así que nuestras parrandas se quedaron en ir a cenar thalis a la esquina. En otros países (Tanzanía, Swazilandia, Kenya, Nepal), ni un solo mexica. Y ya me hacían falta.

Por eso con Alfredo, en Bangkok, charlamos y reventamos en la medida de nuestras posibilidades, que son amplias. Qué rico es decir: "¡Órale, qué chela tan chida!", y que te entiendan. Más aún, que te respondan: "Me cae de jefa, 'ta bien helodia la graciela".

A todas márgaras. Neta. ¿O cómo la bisteces?

DÍA 265. BANGKOK, TAILANDIA: EL MISTERIO DE TATIANA



No todos los placeres de la vida dependen de encontrarse mexicanos por ahí, claro está. Otro más es tan simple como hablar español, la lengua de Cervantes y de García Márquez, de Les Luthiers y de Tin Tan.

Un día trató de ofenderme una chavala. Estábamos en Brasov, una hermosa ciudad transilvana, y dos calfornianos de nuestro grupo trataban de ligarse a dos preciosas rumanitas. Para impresionar, una de ellas dijo que hablaba español. "¡Témoris!", llamó uno, "conversa con esta muchacha". Le pregunté cortésmente: "¿Hablas castellano?" Ella, que se sentía en problemas, escuchó lo de castellano y sin más replicó en inglés, con todo desdén: "Yo hablo español, no dialectos".

No hablaba español ni sabía lo que decía, y además era una pesada. Pero sin sospecharlo tenía razón al decir que la lengua española tiene muchos dialectos (no se confunda con catalá, euskera o galego, que son idiomas de pleno derecho): en España hay andaluz, madrileño y vallisoletano, entre otros. En México tenemos chilango, tapatío y yucateco, por lo menos. En Argentina, lunfardo y porteño (que no siempre son lo mismo), cordobés, talqueño y más. Podríamos seguir con una larga lista.

La peculiaridad del español, sin embargo, es que casi todos estos dialectos son mutuamente inteligibles y en las últimas décadas tienden a comunicarse e intercambiar palabras y expresiones. Un bávaro y un siciliano pueden hallarse completamente perdidos frente a un pomeranio y un triestino, pese a que se supone que unos comparten el alemán y otros el italiano.

Eso no ocurre entre nosotros. El español es una lengua elástica que admite juegos y variaciones sin romper el hilo de la comprensión. Es un idioma
Bailarinas lisuBailarinas lisuBailarinas lisu

Carca de Pai
que me permite conocer y sentir experiencias vitales muy diferentes de la mía. Gracias a él, viajo, conozco y comparto sensibilidades e ideas con gente de 24 países diferentes. Además de los muchos que lo están aprendiendo: en el mundo, el francés empieza ya a rezagarse frente al español como lengua de segunda enseñanza, aunque el inglés tiene un primer lugar inalcanzable.

Todo esto viene a cuento de lo bien que me la paso con el grupo de catalanes que conocí con Alfredo, el mexicano que ya debe estar de nuevo disfrutando el smog. En realidad son dos grupos: Tatiana y Susana, dos chicas que viajan juntas, y Judith, Lluis, Ovidi, Pere y Tapi, ex-compañeros de la universidad que se lanzaron a recorrer el sudeste de Asia. Su plan es subir a China y regresar a Europa con el expreso transiberiano, un tren de leyenda que va desde Siberia oriental hasta Moscú a través declas interminables estepas. Y que pasa por Irkutsk, la ciudad del lago Baikal hasta donde llegó Miguel Strogoff, el correo del zar (para quienes hayan leído la novela de Verne).

El caso es que con estos catalanes me la paso bomba. Unos prefieren usar el catalán, otros el español, pero cuando estoy yo son muy amables y hablan castellano. Otras veces se les olvida, pero yo invoco a mi querida amiga Catalina y trato de comprender lo que se dice. Hay gente que vive en Cataluña y por una razón u otra no aprende catalán, ¡pero si es de lo más sencillo, hombre! Un poco de atención y práctica bastan.

El cuento del día de hoy, sin embargo, corre a cargo de Susana y Tatiana. Se suponía que esta mañana deberían haber salido para Kuala Lumpur, capital de Malaisia, donde tenían que tomar el avión de regreso a Londres. Yo quedé en ver a los demás catalanesca las cinco en cierto bar, pero las que estaban allí, ¡sorpresa!, eran estas dos chicas, Tatiana particularmente nerviosa. La noche anterior, al llegar al hostal, descubrieron que alguien había entrado a la habitación y robado dinero, los boletos de avión y uno de lis pasaportes. Todo con mucho cuidado, era un ladrón fino que se cuidó de cerrar los zippers y dejar todo casi como estaba.

Entre todos, con llamadas telefónicas y consultas de internet, pudimos confirmar que se podía mover el vuelo y reimprimir
La tradicion en el vestido...La tradicion en el vestido...La tradicion en el vestido...

...y Hello Kitty en los pies
los boletos --a cambio de una lana, cómo no--, y que sólo tenían que esperar a que la embajada emitiera un pasaporte provisional.

El problema era que se sentían inseguras. Peor todavía: vigiladas por los misteriosos ladrones. Pegado en el pizarrón de mensajes del hostal, encontraron un papel dirigido a Tatiana (¿cómo supieron el nombre?) en el que la citaban a cierta hora "en el primer café internet al que fuiste al llegar a Bangkok", y firmaba con nombres de gente desconocida. Tatiana fue pero nada pasó, pero sintió que dos hombres la miraron con demasiada intensidad y mala vibra.

Las acompañamos a su hostal para recoger sus mochilas y mudarlas a otro más seguro. En el pizarrón, ¡otro mensaje para Tatiana! Otra cita, esta vez ahí mismo, a esa hora. A la chica le entró una crisis de pánico y rompió a llorar. Pero Susana, más controlada y práctica, tomó el papel y empezó a preguntar a la gente si había dejado el aviso. Una chica dijo que sí, que estaba esperando a Tatiana... que resultó ser otra muchacha, de otro país, que nunca llegaba a las citas porque, inmersas en la paranoia del robo, nuestras amigas catalanas robaban las notas que le dejaban.

DÍA 268. BANGKOK, TAILANDIA: GRAN CIUDAD DE LOS ÁNGELES



Si la juzgamos por lo que se ve en Bangkok, Tailandia tiene un fuerte compromiso con la modernización. A diferencia de casi todos los países que he visitado en este viaje (con la excepción de Mozambique y más o menos Nepal), nunca fue colonizada por Gran Bretaña y por lo tanto, el inglés no es idioma cooficial. Sin embargo, está en todos lados, desde los anuncios de tráfico hasta la gente de la calle, que en una gran proporción entiende el lenguaje básico. Son muchos los que lo hablan muy bien (aunque la distancia fonética desde las lenguas orientales hasta las nuestras con frecuencia dificulta la comprensión).

El producto interno bruto (PIB) por habitante es casi cuatro veces el de India, a pesar de lo cual los precios son casi iguales por una calidad muy superior. El PIB por persona de México es mayor, pero Bangkok parece tan desarrollada como el DF y a veces más. Sin duda está mejor organizada, aunque los atascos de tráfico son monumentales. Algo falla por ahí.

Y, como es norma general en Asia, es
Templo en la montaniaTemplo en la montaniaTemplo en la montania

El valle de Pai
mucho, mucho más segura: siempre puede ocurrir que tengas muy mala suerte y sufras una agresión; no obstante, aquí uno se cuida de robos, no de asaltos; del carterista, no del maniático empistolado. Por su belleza, economía y, sobre todo, seguridad, Tailandia es el país del mundo que recibe más visitas de mujeres que viajan solas, en pareja o grupo sin acompañantes masculinos.

Se supone que hay muchos controles de calidad para la industria, incluida la turística, que es una de las principales fuentes de ingresos. Eso no impide que de pronto salgan mal las cosas, e infaustamente me tocó comprobarlo a mí: hace dos días desperté convertido en una roncha de 75 kilos: del cuello a los pies, me cubrían cientos de protuberancias rojas producto de la incursión voraz de tres regimientos y cuatro batallones de chinches. Cuando bajé a la recepción a quejarme, la chica descartó lo que decía casi sin mirarme: me levanté la manga para que viera mi brazo, ella pegó un grito que hizo voltear a la gente y me cambió de habitación. Yo hubiera preferido mudarme a otro hostal. El problema es que si pagas una semana por adelantado te hacen una rebaja
Piedra sobre piedraPiedra sobre piedraPiedra sobre piedra

En la cascada de Pai
y yo lo hice. Hoy, pi May me dijo que podría haber denunciado el hecho ante no sé qué departamento gubernamental y habrían cerrado el establecimiento para fumigarlo.

Para los cuates, esta ciudad se llama Bangkok. Para los demás, el nombre oficial es un poquito más largo: "Krungthep mahanakon amonratakanosin mahintara ayuthaya mahadilok popnopparat ratchathani burirom udomratchaniwet mahasathan amonpiman avatansathit sakkathattiya witsanukamprasit".

Para los monóglotas: "Gran Ciudad de los Ángeles, Sede de las Gemas Divinas, Gran Tierra Inconquistable, Ciudad Capital Real y Disfrutable de las Nueve Nobles Gemas, Morada Real Más Alta y Gran Palacio, Hogar Divino y Sitio Viviente de los Espíritus Reencarnados". O sea, nada qué ver con Bangkok, que es un nombre antiguo que los comerciantes extranjeros insistieron tercamente en usar, en vez de ser sensatos y adoptar el sencillo nombre oficial.

La falta de imaginación suele llevar a los publicistas a comparar las ciudades con alguna referencia famosa. Por ejemplo, decir que Ámsterdam es la "Venecia del norte", que Xochimilco es la "Venecia mexicana" y que Bangkok es la "Venecia de Oriente". ¡Ah, qué brutos! Sólo porque hay canales uniformizan a todas estas ciudades tan diferentes y dejan de lado lo que las
Tai curiosoTai curiosoTai curioso

Marie le muestra las fotos que queria ver.
hace únicas. Bangkok (como Ámsterdam y Xochimilco) no tiene nada qué ver con Venecia.

A los tais les encanta el agua y por siglos el centro de la vida local fue el río Chao Praya, del que antaño se desprendían muchos más canales que los que se pueden ver ahora. Tiene un sistema de transporte por barcazas bastante frecuente y agradable de utilizar. Pero su edad de oro pasó y ahora el centro de la actividad comercial y financiera se desplazó al este, a Siam Square, Silom y Sukhumvit, con rascacielos, innumerables centros comerciales, metro elevado (el famoso Skytrain) y vialidades con segundos pisos.

A pesar de tanta modernidad, los mercados callejeros siguen siendo enormes, divertidos y llenos de gente. La pasión de los tais es comprar y, cuando les entra la pasión, les da hambre, así que son muy abundantes los puestos callejeros de toda clase de garnachas deliciosas, además del delikatessen local: gusanos multicolores, negros escorpiones, cucarachotas de quítatequeahítevoy y otras gemas de la entomología oriental.

Como los días son severos por su calor y humedad, los tais salen al caer el sol y los mercados nocturnos son la gran atracción. Uno puede andar de compras, echarse una chelita o meterse a un antro, incluidos los de espectáculos eróticos --el próximo post será sobre vida nocturna--, para después continuar mirando y regateando.

Se venden artesanías originales y toda clase de piratería de grandes marcas, desde relojes hasta electrónicos, pasando por ropa. A mí no me va la ostentación en general, pero si me fuera, no le veo el caso a comprar un lujoso reloj de imitación del que todos van a saber que es un lujoso reloj de imitación, falso, piratísima. Tapi y Pere, dos de mis amigos catalanes, se la pasan felices negociando precios y comprando.

En medio de tantas avenidas, edificios ultramodernos y turistas occidentales, la verdad es que uno no se siente en un lugar tan exótico como cabría esperar. India y Nepal resultaron para mí mucho más extraños y lejanos. Siempre llama la atención el gran número de monjes budistas con túnicas naranja y marrón que hay en todos lados --bueno, en el departamento de perfumería de las grandes tiendas se los ve menos--, pero es fácil acostumbrarse a ellos.

Choca el enorme, excesivo culto a la personalidad del rey y el nacionalismo: las avenidas, los edificios públicos
Reina de las floresReina de las floresReina de las flores

Festival en Chiang Mai
y privados, los pequeños negocios y los puestos callejeros tienen siempre fotos y más fotos del monarca y su esposa en todos los tamaños posibles, en todos lados abundan el color real --amarillo-- y las banderas de Tailandia, en los cines, antes de que empiece la película, se escucha el himno nacional --todos tenemos que ponernos de pie-- mientras proyectan un corto con imágenes del rey y de gente muuuuuy agradecida que lo ama. En lugares públicos, los domingos por la tarde, suena el himno y los paseantes se inmovilizan. Termina y de súbito las decenas de personas que tienes alrededor regresan a la vida, se siente rarísimo.

Los wat --templos--, tengo que decirlo, parecen todos iguales. No se ve aquí la diversidad que hay, por ejemplo, en India. Al principio me gustó mucho el estilo arquitectónico de los techos, donde uno parecen montarse encima de otros dos, pero ése y otros detalles se repiten en todos los wat, además de en los antiguos edificios civiles como el palacio real.

Adentro, el Buda. El Buda hasta la exageración: desde la estatua de 46 metros de largo y 15 de alto hasta la larga fila de budas idénticos en tamaño natural. Por ahí se les olvidó que uno de los últimos dictados del Buda fue: "Seguid mis enseñanzas, no a mi persona".

Mi personal y humilde consejo a los turistas --no especializados en orientalismo o budismo-- que vengan a Bangkok es visitar el conjunto del wat Pho, el wat Arun y algunos de los edificios del palacio real. Es muy interesante y con eso habrán visto lo que en muchos otros templos sólo se reproduce con mayor o menor éxito.

DÍA 272. TREN A CHIANG MAI, TAILANDIA: BARES, CLUBES Y PING PONG



Tren al norte. Cuesta más o menos lo mismo que los de India. La calidad es superior, es más cómodo, las literas tienen más privacidad, la gente es más respetuosa y las pequeñas estaciones del camino, al mejor estilo tai, son muy bonitas, limpias, decoradas con buen gusto.

La ciudad de Chiang Mai es la segunda de Tailandia y orgullosa capital del norte. La guía advierte que suele atrapar a los viajeros: uno llega por unos días y se queda semanas.

Cuando llegue allá me encontraré de nuevo con los catalanes. Con los tres solteros del grupo --Ovidi, Tapi y Pere-- nos recorrimos la noche bangkokiana. Empezamos por la calle Khao San, en la zona de Banglamphu, epicentro de los mochileros en el sudeste de Asia: desde que me marché de Sudáfrica, no había visto tal profusión de farangs (occidentales o personas de tez blanca), parece un hormiguero. Está atestada de restaurantes, tiendas, bares, agencias de viaje y cybercafés.

Por ahí salimos en principio, ya que nos alojamos en la zona (yo me quedo en una callecita cercana que da a soi Rambutri, más tranquila y agradable que Khao San) y es más barata. Casi todos los antros son para farangs y chicas tai, excepto uno, Bangkok bar, donde no hallé la manera de conectar con los tais --ahí no hay turistas--.

Con un danés que conocían Lluis y Judith fuimos a los soi (callejones) de Silom, donde hay clubs que cobran la entrada (100 baht --2.30 dólares-- que te dan derecho a una cerveza gratis) y se puede hallar algo de rock en vivo.

Antes de eso, con Nico, un francoespañol loquísimo, había ido a una megadisco para tais, y había explorado los clubes clandestinos after hours, que aprovechan el infortunado horario oficial de cierre de antros de la una de la mañana.

Pero la gran curiosidad de Bangkok es un poco distinta. No es algo por lo que uno vendría aquí, pero es tan famosa que de alguna manera sientes que, ya que estás en el otro lado del mundo, tienes que ir a verla.

Se trata de un show erótico (naturalmente, ya que Tailandia es la capital del sexoturismo en Asia) de la zona de Patpong. Se lo conoce como "ping pong", porque empezó con pelotas de ese juego, pero ahora incluye dardos y globos, burbujas, navajas y otras cosas. Las mujeres hacen trucos con ellas empleando sus órganos genitales.

Decepcionante. No hay nada fuera de lo ordinario en ese espectáculo poco espectacular, mal hecho y aburrido. Con sinceridad, no creo que sea un "must", algo que todo el que vaya a BKK tiene que ver. Mejor aprovechar el tiempo jugando billar en el Gulliver's.

DÍA 278. CHIANG MAI, NORTE DE TAILANDIA: EL RELAX ENTRE MURALLAS



Desde un principio me sentí envuelto por el encanto de Chiang Mai, por su atmósfera provincial y relajada, por la amabilidad de la gente y la facilidad de encontrar cosas agradables, desde una buena vida nocturna hasta toda clase de deliciosas garnachas orientales: noodles, pato, calamar, licuados de frutas, te de gengibre, bichos en variedad, carnes en salsas diversas y mucho más.

La ciudad antigua es un cuadrado perfecto rodeado por un canal y una antigua muralla que en su mayor parte está en ruinas. En el lado este se encuentra la puerta Tha Pae, reconstruida con un sector de la pared. A partir de ahí y hacia el centro del área amurallada corre la avenida Ratchadamnoen, donde los domingos se monta un mercado callejero precioso con venta de artesanías, lámparas, ropas tradicionales y new age y, cómo no, comida, ¡mucha comida!. Además, en cada esquina o rincón hay asientos para que te den masaje, una especialidad tailandesa.

Hacia el lado contrario de la puerta, unas cinco calles más adelante, hay otro famoso mercado que abre a diario, el bazar nocturno. Por ahí se puede entrar a unas galerías donde venden madera con tallados finísimos: grandes troncos en los que se han representado a todo detalle complicadas escenas de las tradiciones budista e hindú. Lástima que prohiben tomar fotos.

A pesar de que sólo cuenta con 200,000 habitantes, Chiang Mai ha atraído a una densa colonia europea y es punto de paso de todos los turistas que vienen a recorrer el norte. La vida nocturna, en consecuencia, es muy variada.

Hay varias calles repletas de bares de prostitutas que te toman del brazo cuando pasas para tratar de hacerte entrar. Una de estas zonas está en el camino a un mercado de comida donde solemos ir a cenar los catalanes y yo. Y ocurrió algo raro: Tapi fue con la estilista para que le hiciera rayitos rubios (?!), no le gustó el resultado y le pidió a la pobre chica que se los quitara: le rebanó el pelo y lo dejó peor que a un conscripto, con un ralo casquete corto en la coronilla y rape a cero en lo demás. ¡Uy!, pues para las muchachas de esos bares se convirtió en el sex symbol del año. Cuando pasamos por ahí caminamos por el medio de la calle para evitar los tirones: ¡las chicas se salen de los antros para toquetear, abrazar y atraer al Tapi! Como vamos en fila india por falta de espacio, probamos a ponerlo al frente, en medio y atrás, y siempre lo mismo: ellas gritan y
GraciosillosGraciosillosGraciosillos

Los italianos se confabularon para dejarme solo en el momento de la foto
corren tras él. Impresionante. Y el Tapi es cualquier cosa menos inmune a las mujeres, así que al final somos nosotros los que terminamos tironeándolo para evitar que se pierda entre los cantos de las sirenas tai.

(El Tapi es todo un personaje de comedia clásica española. Además, es un innovador de la lengua, gran maestro de las tautologías. No sé cuántas perlas inigualables le he oído, tipo "cuando caminamos, la luz se ilumina". Tiene otra parecida a un error muy común de los españoles, pero que en su manera tapitiana revela un ingenioso requiebro de perspectiva: "veníamos bajando desde arriba".)

Hay muchos otros tipos de bares, por suerte. Nos gusta mucho el THC Rooftop bar, un garito en la azotea de un edificio, con un techo móvil que al correrse te deja cerca de las estrellas. Uno llega, se quita los zapatos, pasa por la barra y una minúscula pista de baile, y sube a un piso falso de bambú donde hay no hay sillas, sólo cojines y pequeñas mesas. Eso lo hace muy flexible, uno se acomoda donde y como quiera, la gente se comunica y los grupos se forman, unen, crecen y dividen a lo
Bien sujetosBien sujetosBien sujetos

Para que no vuelvan a escapar
largo de la noche, de acuerdo a los ritmos y tamaños que toman las conversaciones, los debates o los inesperados diálogos íntimos con gente de muchos países.

Aquí como en Bangkok, lamentablemente, la una es la hora oficial de cierre y a las dos te echan. Algunos se van a casa, pero la mayoría sigue al antrazo por excelencia, el único que sigue abierto hasta las seis: Spicy. Siempre decimos que ya no vamos a ir, pero ya saben. Aunque es algo feo, a esas horas uno ya no se fija. Ahí se reúne todo tipo de fauna nocturna, desde la que le cae bien a mi mamá hasta la que sólo entusiasmaría al más enfermo de mis amigos (sí, sí, estoy hablando de ti). El alcohol y otras substancias han corrido bastante. Eso hace que el sitio se cargue de una vibra difícil. Nosotros, igual, sólo vamos a bailar como locos y a nuestra bola.

Y se conoce gente buena onda, después de todo. Hace dos noches conectamos a un grupo muy simpático que venía de hacer tres días de trekking por la selva. Glenn, de Australia, Peter, de Malaisia, y dos francesas: Ingrid y Marie. Ayer los vimos de nuevo en THC.

Yo me voy mañana a Pai, un pueblito en las montañas, y coincide que Marie también, así que nos lanzamos juntos. Incluso en un lugar como Spicy se puede conseguir buenos compañeros de viaje.

DÍA 278. CHIANG MAI, NORTE DE TAILANDIA: EL RELAX ENTRE MURALLAS



Desde un principio me sentí envuelto por el encanto de Chiang Mai, por su atmósfera provincial y relajada, por la amabilidad de la gente y la facilidad de encontrar cosas agradables, desde una buena vida nocturna hasta toda clase de deliciosas garnachas orientales: noodles, pato, calamar, licuados de frutas, te de gengibre, bichos en variedad, carnes en salsas diversas y mucho más.

La ciudad antigua es un cuadrado perfecto rodeado por un canal y una antigua muralla que en su mayor parte está en ruinas. En el lado este se encuentra la puerta Tha Pae, reconstruida con un sector de la pared. A partir de ahí y hacia el centro del área amurallada corre la avenida Ratchadamnoen, donde los domingos se monta un mercado callejero precioso con venta de artesanías, lámparas, ropas tradicionales y new age y, cómo no, comida, ¡mucha comida!. Además, en cada
Pana'n Hut en PaiPana'n Hut en PaiPana'n Hut en Pai

Valentino, nuestras magnificas anfitrionas y Gabrielle
esquina o rincón hay asientos para que te den masaje, una especialidad tailandesa.

Hacia el lado contrario de la puerta, unas cinco calles más adelante, hay otro famoso mercado que abre a diario, el bazar nocturno. Por ahí se puede entrar a unas galerías donde venden madera con tallados finísimos: grandes troncos en los que se han representado a todo detalle complicadas escenas de las tradiciones budista e hindú. Lástima que prohiben tomar fotos.

A pesar de que sólo cuenta con 200,000 habitantes, Chiang Mai ha atraído a una densa colonia europea y es punto de paso de todos los turistas que vienen a recorrer el norte. La vida nocturna, en consecuencia, es muy variada.

Hay varias calles repletas de bares de prostitutas que te toman del brazo cuando pasas para tratar de hacerte entrar. Una de estas zonas está en el camino a un mercado de comida donde solemos ir a cenar los catalanes y yo. Y ocurrió algo raro: Tapi fue con la estilista para que le hiciera rayitos rubios (?!), no le gustó el resultado y le pidió a la pobre chica que se los quitara: le rebanó el pelo y lo dejó peor
Roots & Reggae, Chiang MaiRoots & Reggae, Chiang MaiRoots & Reggae, Chiang Mai

Tania, Lizelle y Valentino
que a un conscripto, con un ralo casquete corto en la coronilla y rape a cero en lo demás. ¡Uy!, pues para las muchachas de esos bares se convirtió en el sex symbol del año. Cuando pasamos por ahí caminamos por el medio de la calle para evitar los tirones: ¡las chicas se salen de los antros para toquetear, abrazar y atraer al Tapi! Como vamos en fila india por falta de espacio, probamos a ponerlo al frente, en medio y atrás, y siempre lo mismo: ellas gritan y corren tras él. Impresionante. Y el Tapi es cualquier cosa menos inmune a las mujeres, así que al final somos nosotros los que terminamos tironeándolo para evitar que se puerda entre los cantos de las sirenas tai.

(El Tapi es todo un personaje de comedia clásica española. Además, es un innovador de la lengua, gran maestro de las tautologías. No sé cuántas perlas inigualables le he oído, tipo "cuando caminamos, la luz se ilumina". Tiene otra parecida a un error muy común de los españoles, pero que en su manera tapitiana revela un ingenioso requiebro de perspectiva: "veníamos bajando desde arriba".)

Hay muchos otros tipos de bares, por suerte. Nos gusta mucho el THC Rooftop bar, un garito en la azotea de un edificio, con un techo móvil que al correrse te deja cerca de las estrellas. Uno llega, se quita los zapatos, pasa por la barra y una minúscula pista de baile, y sube a un piso falso de bambú donde hay tapetes, cojines y pequeñas mesas. Eso lo hace muy flexible, uno se acomoda donde y como quiera, la gente se comunica y los grupos se forman, unen, crecen y dividen a lo largo de la noche, de acuerdo a los ritmos y tamaños que toman las conversaciones, los debates o los inesperados diálogos íntimos con gente de muchos países.

Aquí como en Bangkok, lamentablemente, la una es la hora oficial de cierre y a las dos te echan. Algunos se van a casa, pero la mayoría sigue al antrazo por excelencia, el único que sigue abierto hasta las seis: Spicy. Siempre decimos que ya no vamos a ir, pero ya saben. Aunque es algo feo, a esas horas uno ya no se fija. Ahí se reúne todo tipo de fauna nocturna, desde la que le cae bien a mi mamá hasta la que sólo entusiasmaría al más enfermo de mis amigos (sí, sí, estoy hablando de ti). El alcohol y otras substancias han corrido bastante. Eso hace que el sitio se cargue de una vibra difícil. Nosotros, igual, sólo vamos a bailar como locos y a nuestra bola.

Y se conoce gente buena onda, después de todo. Hace dos noches conectamos a un grupo muy simpático que venía de hacer tres días de trekking por la selva. Glenn, de Australia, Peter, de Malaisia, y dos francesas: Ingrid y Marie. Ayer los vimos de nuevo en THC.

Yo me voy mañana a Pai, un pueblito en las montañas, y coincide que Marie también, así que nos lanzamos juntos. Incluso en un lugar como Spicy se puede conseguir buenos compañeros de viaje.

DÍA 283. PAI, NORTE DE TAILANDIA: UN LUGAR TRANQUILO



Por recomendación de un chico de Bangkok, fuimos a un lugar precioso: tenemos un bungalow bonito y aislado entre altos árboles y mucha maleza. A dos metros de él pasa un arroyo de fondo de piedras redondeadas y suaves. Por las noches me arrullan el correr del agua, las ranas que croan y las lagartijas que tratan de encontrar pareja.

Este sitio se llama Sun Hut y tiene otros bungalows más próximos uno del otro. En el medio hay un área común con fuentes, ollas para fogatas, mesas y varias tarimas de bambú techadas con cojines para recostarse y dejar pasar el tiempo.

Estamos un poco fuera del pueblo de Pai --hay que pasar dos puentes--, que no es especialmente bonito pero tiene buen ambiente. Lo lindo aquí son los alrededores: lo primero que hay que hacer es alquilar una moto (100 o 125 cc. por lo general) e irse a explorar: hay cascadas, nacimientos de aguas termales, un templo sobre una colina con una amplia vista (ahí me encontré a José Miguel y Francisca, dos hermanos chilenos que conocí en Bangkok), restaurantes sobre campos de arroz, un puente construido por prisioneros de los japoneses --que querían comunicar por tren Tailandia con Birmania-- en la segunda guerra mundial, y sobre todo muchas aldeas de tribus de las montañas, como los lisu y los karen, además de otras de descendientes de soldados del Kuomingtang, el partido chino al que derrotó Mao Tse Tung en 1949 y cuyos miembros escaparon mayoritariamente a Taiwan.

En uno de estos recorridos en moto llegamos a una aldea lisu en la que, mira qué suerte, estaban celebrando una festividad: todas las mujeres y algunos hombres vestían hermosos trajes tradicionales y bailaban, mientras los demás señores bebían al lado. Nadie hablaba inglés, pero Marie y yo éramos los únicos farangs (occidentales) y quisieron hacernos beber un aguardiente local. Lo consumimos con poco entusiasmo y muchas sonrisas, ah, pero qué bueno está, ¿más?, eeeeeerh, este, noooo, no gracias, es que tengo que manejar, ay, qué amables, síiii, manejar moto, sí. Lo malo es que nunca nos invitaron a acercarnos más al baile y tuvimos que conformarnos con verlo y tomar fotos desde un solo lugar a unos cinco metros del círculo de danzantes.

Otra cosa genial es que conocimos a un mexicano muy buena onda, Itzcóatl, con su novia alemana. Tiene algún malestar estomacal, como Marie, por lo cual concluimos que algo raro afecta a las chicas europeas que viajan por el norte de Tailandia acompañadas de un mexicano. Itzcóatl y su hermano (casado con una tai) montaron una empresa de servicios informáticos en Bangkok y les va muy bien, ya se quieren traer a los padres.

Nos conectamos porque su chava vio la bandera en mi mochila, pero al principio él fue un tanto frío o cauteloso: después explicó que ha tenido algunas experiencias decepcionantes al encontrarse mexicanos de mucho dinero y demasiada soberbia, con actitudes muy pesadas. A mí también me llegó a pasar, pero en Europa: creo que, en general, la gente que viene a Asia tiene la sencillez del que busca. Nos la pasamos muy bien, explotando las riquezas del dialecto mexicano del español.

Aunque pequeña, Pai tiene vida nocturna: un bar que se llama BeBop, donde a veces tocan las buenas bandas de rock y otras las malas, y para la madrugada el Bamboo Bar, un piso de ese material frágilmente sostenido sobre el río del que no pocas veces se debe haber caído algún borracho.

Hace unos pocos meses, en septiembre, el monzón trajo inundaciones y las aguas se llevaron todas las casas y hostales vecinos al río. Hoy no quedan huellas de eso, pues la gente de Pai (¿los pai...sanos?) reconstruyó sus lugares, aunque prudentemente más lejos.

Días tranquilos los de Pai, leyendo, escribiendo y con la agradable compañía de la dulce Marie, una marinera francesa que ha trabajado mucho en Italia. ¡Por fin me sirvió de algo el italiano fuera de Italia! En todo el viaje no lo había utilizado. Como ella no habla español ni yo francés, nos comunicamos en italiano. Y está rebién, además, porque por la falta de práctica yo sentía que lo estaba perdiendo y ahora conseguí despertarlo de nuevo. Muy a tiempo, porque en unas semanas llega mi amigo Valentino, de Módena, con sus colegas, y los recibiré con un italiano refrescado.

DÍA 285. CHIANG MAI, TAILANDIA: UN CAMBIO DE ACTITUD



Como en muchos otros países, en Tailandia uno puede escoger entre viajar como local, para tener una experiencia más genuina, o pagar caro para transportarse en los vehículos para turistas. De camino a Pai (4 horas), Marie y yo quisimos ir en el bus común y corriente para compartir con los tais, pero muchos otros farangs tuvieron la misma idea: hice una foto en la que el pasillo del camión para tais está lleno de cabecitas rubias. De regreso a Chiang Mai, no obstante, sí que fue más tai y en un principio desagradable, pero un cambio de actitud de mi parte lo convirtió en una experiencia preciosa.

Venía mucha más gente. Aunque conseguimos asiento, logramos acomodarnos en el piso. En una parada, no obstante, unos chicos tais hicieron una maniobra con la que despojaron a un farang de su lugar y forzaron una reorganización que terminó arrojándome al penúltimo peldaño de la escalera de salida: sólo pensaba que si algo me hacía caer me iba a llevar al pobre cobrador, que estaba abajo de mí, con medio cuerpo afuera.

Ese peligro no duró mucho: una nueva serie de movimientos me empujó a mí a su lugar. Eso me puso de mal humor. En Tailandia, como en tantos países --digamos, México--, hay algunos burros que se aprovechan de que los turistas no hablan la lengua o no entienden el sistema para engañarlos y abusar.

Saqué los audífonos, eché a andar el mp3 y puse a Natalia Lafourcade y después a Cecilia Toussaint: ¡magia! El ánimo me cambió, me llegó la buena onda, me di cuenta de que tenía el mejor sitio del bus para disfrutar del viaje, podía sentir el viento fresco y admirar todas las bellas cosas que tiene la naturaleza tailandesa y las que los tais han hecho para complementarla.

Más aún: estaba colgado de un bus en las montañas del norte de Tailandia, ¡nunca había pensado que vendría aquí ni que me gustaría tanto! ¡Qué maravilloso privilegio!

De esa forma me quité de tonterías y me permití gozar con los valles que veía debajo, de los bosques y montes verdes y marrones, de las obras de este pueblo amante de la belleza: todas sus casitas, por humildes y pobres que sean, están siempre muy limpias y decoradas con flores. Les encantan las lagunas y los estanques y en cualquier descuido te encuentras frente a la bella imagen de una casa colorida reflejada en el agua.

El regreso a Chiang Mai fue motivado por la celebración del Festival de las Flores, en el que durante tres días concursan carrozas decoradas con complicados y hermosos arreglos multicolores. Los tais visten a sus hijos con ropa tradicional, los suben a las carroza y les toman fotos (momento que aprovechamos los farangs para bañarlos con flashazos que los pequeños miran con todo desconcierto). Después van a caminar y --por supuesto, su mero mole-- comer en el parque vecino, de jardines, estanques y grupos de música.

Esto me hizo volver a pensar en lo importante que es la actitud del ser humano ante su contexto. Lo comenté, por ejemplo, cuando llegué a Kenya, con sus pueblos sucios, mientras que en las aldeas zulúes de KwaZulu Natal, también muy pobres y sin acceso a servicios públicos de limpia, no se veía basura, ni una lata ni una bolsa de plástico: los zulúes no aguantan vivir entre la mugre.

No lo puedo evitar: va otra piedra al tejado indio. Los miles de años de refinamiento en India son patrimonio de sus clases altas, los cientos de millones de pobres pobrisísimos viven en la porquería sin combatirla, ni siquiera imaginan que podría ser diferente. Lo que no imaginan los tais es que alguien pueda aceptar la basura y no buscar la belleza, algo bonito que te haga sentir más a gusto y amar esta vida.

Y aunque no viene completamente al caso, hay una cosa que quiero comentar desde hace mucho pero siempre se me va: una piedra al tejado propio, al nuestro. Es algo que me comentó Samantha, que ha viajado mucho por América Latina: en India, por lo menos, no encuentras un solo borracho tirado por las calles. Ni uno solo. Claro que el alcohol es más bien ajeno a India, pero yo añado: los tais le dan duro y con frecuencia a la botella, son bebedores pesados, pero en Tailandia tampoco he visto un solo ebrio en el suelo. En América Latina, como observó Samantha, es una de las imágenes más comunes. Cositas para pensar.

DÍA300. CHIANG MAI, TAILANDIA: LA FAMILIA DE LA AZOTEA



Estaba advertido pero dejé que ocurriera. No está mal, no tengo prisa y estoy muy a gusto. Chiang Mai me atrapó. En particular, Julie Guesthouse, el hostal donde me alojo. Sin lugar a dudas, es el sitio más agradable que he encontrado no sólo en éste, sino en muchos viajes.

Es difícil encontrarle explicaciones a su magia. Es bonito y cómodo, aunque no del otro mundo. En la entrada tiene un restaurante-bar con muy buena música y espacios para recostarte y leer, ver pasar a la gente o, si quieres, dormir. En la azotea hay otro ambiente, más relajado. El sistema es de mucha confianza y responsabilidad individual, porque no te obligan a pagar de antemano, como en casi todos lados, sino cuando te vas o cada diez-doce días. Todas las bebidas, desde el agua embotellada y los refrescos hasta la cerveza y el ron, están en dos refrigeradores que puedes abrir cuando quieras. Cada habitación tiene un cuaderno en el que tienes que anotar lo que consumes para pagarlo después con la cuenta general. Si no lo apuntas, sobre tu calavera quedará. La gente que trabaja aquí, farangs y tais, es muy amable y amistosa. Tenemos entre ellos un par de colegas tais con los que a veces salimos, Ken y Coco.

Todo esto no me permite descubrir, sin embargo, cuál es el secreto de Julie's, donde nunca hay cuartos libres (es raro el que tiene la suerte de llegar el primer día a Chiang Mai y encontrar habitación en Julie's; la mayoría, como yo, se queda al menos un noche en otro hostal y se presenta tempranito en la recepción para esperar a ls que hacen check out).

Hay cierto tipo de gente que viene aquí. Uno puede ser de cualquier país y edad, pero hay un algo que tenemos en común y que nos permite identificarnos y disfrutar de nuestras distintas experiencias y perspectivas. Hay un ambiente genial de apertura y una onda, todos llegan en muy buen plan, dispuestos a hablar y compartir con cualquiera. En estas semanas he conocido a tanta gente, tan interesante, y me han contado tantas historias que se me ha hecho todo una confusión, ya no sé quién me dijo que se acaba de reencontrar en el budismo ni quién regresó asqueado de la dictadura de Myanmar (Birmania).

Lo más bonito es que en la azotea se formó lo que primero llamamos comunidad y más recientemente familia. Hay muchos, pero somos cinco los que formamos el núcleo "duro":

Marko, un berlinés de 30 años que aprendió español en Guadalajara y toca la guitarra genial, con un inmenso repertorio de canciones pop y varias mexicanas, como "Ella", "Por un amor", "Cielito lindo" y "La bamba".

TC, un bávaro de 38 años que ha hecho de todo: carnicero, cervecero, soldado, productor de TV, instructor de buceo y, próximamente, de equitación.

Andy, un londinense que hace de su homosexualidad una bandera y tiene la vida social más agitada de Chiang Mai.

Y Brian, un investigador de Oregon que transmite una dulzura y una tranquilidad enormes, y devora libros a velocidades lumínicas.

La familia ha perdido algunos miembros célebres, como el irlandés Cormack, también ameno guitarrero, y el suizo Jerry, que llegaron antes que yo y tuvieron que partir.

Más dos queridas amigas que son como cometas que se aparecen cuando regresan a Chiang Mai, la bella Nelly, una francesa que conoció a Marko cuando estudiaban juntos en Guadalajara, y mi guapa hermanita Johanne, una canadiense que da clases de yoga (¡hay que ver lo que puede hacer con su cuerpo!).

(Debo abrir un paréntesis para los miembros honorarios de la familia, que pasaron poco tiempo con nosotros pero dejaron huella, como las guapísimas Martha, de Andalucía, y Lucy, de Quebec, y el parisino Mikel).

¡Ah!, olvidaba a Baghira: una madrugada en que TC regresaba en moto del bar Spicy, un joven gatito negro brincó a su canasta y quiso venir con él. Ahora corre por todo Julie's con su cascabel azul y TC se rompe la cabeza pensando cómo cumplir con todas las regulaciones que le permitirán llevarse a Baghira a Múnich.

PD: Tercer cumplecentogiorni!


DÍA 308. CHIANG MAI, TAILANDIA: PROEZAS Y PELIGROS DE RED BULL



Hay veces en que pienso que nunca voy a aprender. Ayer me pasó con Red Bull, una bebida llena de estimulantes (cafeína, taurina y no sé qué más) de la que sabía que era de manejo delicado y había preferido no beberla, pero esta vez olvidé toda precaución y creo que me lastimé.

Aunque estaba muy cansado y no quería salir, en el restaurante de Julie's se armó un ambiente muy agradable con Duncan (Australia), Cameron, Amy y Sally (Inglaterra), Diego (Colombia), Jordi (Málaga), Pierre (Francia), Varda (Turquía) y otros, y terminé con ellos en un bar. Estaba medio tirado de flojera, sin poder avanzar con mi cerveza, cuando dos de ellos se pusieron en plan de médicos y resolvieron que al paciente (yo) le hacía falta Red Bull con vodka. Así aparecieron en mis manos los dos primeros vasos, que me levantaron el ánimo en un instante, y por mi cuenta busqué dos o tres más.

No sabía lo que estaba haciendo. Cuando cerraron el sitio, encontramos a un grupo de tais jugando un deporte local (una especie de voleibol sin manos y con pies; hay que ver a los pequeños tais volando para patear la pelota a la altura de la red, son buenísimos) en una explanada frente a la puerta Tha Pae, y con ellos armamos un partido de futbol.

Estábamos en desventaja: los rivales venían uniformados y con zapatos tenis, mientras que nosotros tuvimos que dejar las sandalias para jugar descalzos sobre piedra de cantera. Aún así, comenzamos a dominarlos. Y yo, energetizado por Red Bull, jugué como nunca en mi vida: estaba al frente anotando goles, abajo bloqueando ofensivas, avanzaba por el medio campo burlando contrarios, robaba pelotas y daba pases para gol. Cameron y Campbell, que tienen 19 y 20 años, estaban impresionados. Íbamos ganando 4-2 cuando alguien tuvo la idea de proponer que el que metiera el siguiente gol ganaba, y lo hicieron los tais, así que ni modo. De cualquier manera, tais y farangs jugamos con mucho deportivismo y al final todos estábamos contentos. Nosotros, sin embargo, con heridas en pies y piernas...

...que para mí sólo eran las consecuencias externas. Cuando llegué al hostal y me acosté junto a Malin --la alemana con la que comparto sólo la habitacion-- con cuidado de no despertarla. Entonces sentí el corazón: bumba, bumba, bumba, bumba, una taquicardia feroz. No pude dormir. Y esta mañana descubrí un dolor fuerte bajo la costilla derecha: igual al que en México llamamos "dolor de caballo" y que te da cuando corres demasiado. Debería desaparecer cuando dejas de moverte. Yo lo tengo todo el tiempo, especialmente cuando estoy acostado. A ver si no me lastimé jugando bajo la influencia de Red Bull.

Esta vida del tranquilo Chiang Mai es agotadora. Ahora quisiera tomarme unos días de relax y escritura, pero, como siempre, algo va a pasar que me lo impedirá. En este caso, ya están en Bangkok mi querido amigo Valentino y sus colegas de Módena, Italia, y mañana llegarán aquí. No habrá oportunidad de quedarse en casa.

DÍA 312. PAI, MONTAÑAS DEL NORTE DE TAILANDIA: MOTO A LA ITALIANA



Qué guapa es Tailandia. El país es bello y la gente que lo habita trata de embellecerlo más. Ahora lo estoy disfrutando de otra forma porque a mis amigos italianos se les ocurrió rentar motos grandes (750 y 1000 cc.) para viajar por aquí y de esta forma puedes sentirte más cerca de las cosas.

Conocí a Valentino en Tulum, Yucatán, a principios de 2003. Ese mismo año nos encontramos en Venezia, el siguiente en Bolonia y ahora aquí. Viene con dos amigos muy simpáticos y buena onda, Gabriele y Alan (quien se parece mucho a Gael García Bernal, pero con mayor altura y peso), a quienes me ocupé de introducir en la vida nocturna de Chiang Mai.

Me ha sido súper útil la refrescada del italiano que tuve con Marie, la amiga francesa con la que vine a Pai la vez pasada. Valentino y Alan hablan inglés y español, pero con el buen Gabriele solo italiano. Y la verdad es que el grupo funciona mejor en italiano, como que la vena latina sale con mayor naturalidad, es más auténtica.

Después nos lanzamos en las motos. La zona está llena de cascadas y cerros hermosos, casitas muy bien decoradas y aldeas de tribus de las montañas. Para nuestros pobres traseros es un tanto duro, pero es sensacional la forma en que sientes que te acercas al paisaje. Como plus está la ventaja de que el gobierno tailandés, en su afán de modernidad, tiene las carreteras bastante bien conservadas y con una muy buena señalización, en tai e inglés, que ya nos encantaría ver en países más ricos como México y otros de América Latina.

Como creo que ya dije, ahora estamos en Pai, en Pa'nan, unas cabañitas muy bonitas que atienden dos tais encantadoras, son la gente más dulce que puede haber. Hacen un montón de cosas a mano, entre ellas las tarjetas de presentación del lugar, decoradas con colores y frases. En verdad que ser atendido por gente buena te puede hacer sentir mucho mejor.

A pesar de todo, sigo con el extraño dolor bajo la costilla, que se sacude a cada golpe de la moto. Y por si fuera poco, ahora tengo hipo crónico, se va, vuelve, se va, vuelve... A ver si ya se me quita.

DÍA 321, 13 DE MARZO DE 2006. CHIANG MAI, TAILANDIA: EL VIENTRE Y EL HIPO



Las cosas se están poniendo muy mal. Tengo unos dolores terribles en el vientre y lo peor es que, o estoy desarrollando una resistencia contra los medicamentos y ya no me hacen efecto, o mi problema está empeorando y los matadolores (pain killers) me están quedando chiquitos. Una amiga puede ser la causante.

Hace una semana regresamos de Pai a tiempo para cenar con unas chicas masajistas que conocimos. Valentino está loco perdido por una de ellas, Lisselle, una hermosa namibia de cabello y ojos negros, tez blanquísima y rasgos muy extraños.

A mí me seguía regresando el maldito hipo. Lisselle resolvió que el problema es que tenía una masa de aire atrapada en el vientre y que había que hacerla salir, así que manos a la obra, me hizo tenderme en el suelo y apoyó todo su peso sobre mí, nunca me habían destripado así. No sirvió. Entonces sugirió que bebiera cerveza para que expulsara el aire con el gas de la chela. Tampoco.

Me sentí peor, me fui al hostal y pasé una de las peores noches de mi vida, con el hipo reforzado por el gas de la cerveza y el vientre doliendo muchísimo a cada contracción. Menos mal que ya se fue Malin a Australia, si no, qué show.

Temprano fui al hospital. El médico internista, Dr. Thamprasit Taratorn, preguntó si había tenido fiebre, dije que no, y diagnosticó una lesión en el músculo que está justo debajo de la última costilla, del lado derecho. Me dio matadolores y una cita.

El hipo se fue ese mismo día, los medicamentos funcionaron y el jueves próximo fui sólo para que me diera más, porque, creí, estaba mejorando. Ese mismo día hicimos una fiesta de cunpleaños para Veronica y Micaela, unas amigas italianas, y también salimos viernes y sábado, aunque poco tiempo. Ayer domingo sólo me sentí bien al principio, por la tarde todo se puso muy mal, pasé una noche terrible y hoy peor. Marko, Brian y Andy querían que me fuera a Pai con ellos. Después dudaron por mi estado, pero Lucie, una naturalista checa-canadiense con la que me llevo muy bien, dijo que ella se hace cargo de cuidarme. Es bueno tener amigos cuando te metes en problemas. De todas maneras me preocupa la evolución de este asunto. No veo por qué debería complicarse.

(Valentino, Gabrielle y Alan se fueron. Vale y yo, que ya nos hemos visto en América, Europa y Asia, decidimos que tienen que seguir Oceanía y África. Yo quiero añadir la Antártida, pero él dice que qué frío. Regresó Marko de su retiro de meditación, y con él Johanne, con lo que la familia --que además nos incluye a Andy, Brian, TC y a mí-- volvió a reunirse, pero poco después se marchó Brian, de vuelta a Oregon. Nuestra primera pérdida definitiva.)

FIN DE LA PRIMERA PARTE. VISITA LA SEGUNDA!
ENN OF THE FIRST PART. GO TO THE SECONDPART!


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16th October 2006

Saludos desde Puebla!
Hola Tèmoris, te escribe Lupita, la comadre de Kleine, te acuerdas de mì?? Parece ayer cuando nos conocimos y ya has recorrido buena parte de àfrica y asia desde ese entonces. Por favor, cuando te organices otro viaje alrededor del mundo INVÌTAME!!!
16th October 2006

2da parte de mi mensaje
Perdòn, esto se me cerró antes de despedirme apropiadamente... Felicidades por este viaje maravilloso que compartes con todos nosotros, por tus crónicas y por esas bellas imágenes. Te mando un gran abrazo, Lupita
18th October 2006

Los sientos . . .non comprende!!
Hi Temoris, Unfortunatly I cannot read your log!! My Spanish made little progress beyond 'hola'! Your photos speak more than a thousand words though! They are great!! Loads of girls though . . . haha!! I'm off to tibet in a few days after 4 months in China. Have actually just started a photo blog of my own. Take a look should you care to! www.aisling.smugmug.com. Stay in touch!! Lots of Love Ailing
31st October 2006

Hola
Hola Temoris me da mucho gusto que estes bien, y sobre todo que te la estas pasando super, te mando un beso

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