INDONESIA 9. Meseta del Ijen. Ijen Plateau


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September 29th 2010
Published: September 29th 2010
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 Video Playlist:

1: Azufre --- Sulphur 11 secs
2: Idul Adha 11 secs
See text in English below

27 noviembre 2009

El viaje de Probolinggo a Ijen no fue tan largo como desde Yogyakarta al Bromo, pero nos llevó unas cuantas horas. Aunque según la agencia, el programa incluía la visita de una plantación de café, cuando llegamos a nuestro destino la luz del día era lo suficientemente escasa como para no permitirnos la visita de ningún sitio.
Quizás se referían al lugar donde íbamos a pasar la noche, un hermoso edificio de por lo menos el tiempo de los holandeses y que por seguro fue el centro de una antigua plantación. Las habitaciones no estaban en este antiguo robusto edificio, si no en otros al lado más enclenques. Y tenían ¡¡piscina y jacuzzi!! Corrí a ponerme el bañador y después de nadar unos largos, me metí en las burbujeantes aguas calientes del jacuzzi. Estábamos Manon, los franceses, unas rubias americanas y una pareja de un alemán y una francesa que vivían y trabajaban en Jakarta, con la que compartimos mesa Manon y yo en la cena. Una gente realmente muy interesante y encantadora.
Estábamos todos tan contento relajándonos en las burbujas y charlando aleatoriamente. De fondo, el almuédano de la mezquita del pueblo estaba trabajando asin descanso, pues se acercaba el día del Idul Adha, la gran fiesta musulmana 70 días después del fin del Ramadán, cuando se hace el sacrificio de los corderos.
Pues eso, que estábamos tan a gustito cuando apareció el pelirrojo que me echó de la baranda en el mirador del Bromo. "Mierda", pensé. Se sentó al lado mío, se presentó a todos y después de varios intentos consiguió monopolizar la conversación con sus experiencias sobre sacrificios de animales. Al cabo me levanté, dije que me iba a orinar, y no regresé nunca más.

A la mañana siguiente, depués de un desayuno y café fuerte, ya nos soltaron en el comienzo del camino del Kawah Ijen. Es un lugar realmente único, pues no sólo subes a admirar la belleza del volcán, si no que se ve en acción a los trabajadores de una de las profesiones más extraordinarias del mundo.
A medio camino hacia el cráter se pasa por las casetas donde estos trabajadores descargan sus cestos del azufre que transportan. En estas casetas hay un pequeño bar donde se puede comprar algún refresco y kreteks, los cigarrillos de clavo que tanto gustan a los indonesios. Manon y yo compramos un par de paquetes.

Ya en las casetas vimos algunos trabajadores que estaban empezando su segundo viaje al fondo del volcán para llenar más cestas de azufre y volver para descargarla en las casetas. Cada trabajador suele hacer dos viajes diarios a pie al fondo del cráter desde este puesto, pues a partir de aquí el camino ya es demasiado estrecho para las camionetas. Los trozos de azufre los arrancan sumergidos entre los humos tóxicos del volcán, y una vez llenas dos cestas, las cuelgan sobre una pértiga de bambú que se cargan al hombro y suben el cráter, realmente muy escarpado. El azufre es pesado. Normalmente cargan unos 80 o 90 kilos. Muchos trabajadores tienen los hombros llenos de cicatrices y andan con la piernas combadas. A pesar de esto, todos parecen felices de saludar a los turistas, sobre todo si éstos les ofrecen kreteks antes de que al trabajador se le ocurra pedirselos.

Dos de los chicos del volcán enseguida se pusieron a hablar con Manon y conmigo. Uno hablaba inglés. Me fumé un kretek con ellos y nos invitaron a acompañarlos. Eran muy simpáticos y les encantaba, como a casi todos los indonesios, que les sacásemos fotos. Paraban a los trabajadores que venían cargados con sus cestas para que nos saludasen, sacar una foto si acaso, y darles un par de cigarrillos. A uno de los trabajadores le llamaban Rambo, ya que cargaba sus cestas hasta los 100 kilos. Manon, que es mucho más observadora y sensible que yo, me exclamó. -"¡Mira cómo anda con las piernas todas curvadas!"-. Era verdad, casi le temblaban y apenas podía andar en linea recta. No en vano, la profesión de estos hombres está considerada como una de las más duras del mundo. Ellos se muestran muy orgullosos de este trabajo, además, son muy apreciados y respetados en sus pueblos. Su jornal también es alto. La parte negativa es que al ser un trabajo tan exigente y desarrollarse en un ambiente tan tóxico, muchos no llegan a viejos, o mejor dicho, llegan a viejos muchos años antes de tiempo.


Un tramo más adelante del camino se abrió ante nosotros la magnífica vista del cráter, con el lago de aguas azul turquesa en el fondo y los olores y humaredas de las emanaciones sulfúricas. Abajo, en el hotel, nos adviertieron que no podíamos bajar hasta el fondo, que era muy peligroso (Seguro que alguno se ha muerto aquí alguna vez). No pudimos, sin embargo, decir que no a Andy, que nos invitaba a bajar con él. Cuando empezamos a bajar nos encontramos con un grupito de tres españoles con el que había coincidido en Yogyakarta, en Bromo y ahora en Ijen. Siempre estaban hablando, y a veces de temas interesantísmos, como por ejemplo de pechos de silicona o de lo simpáticos que eran los españoles y de lo bien que caían a los indonesios. No quisieron bajar, que lástima.
Mientras bajámos, se reían de nosotros, pues nos veían muy torpes. Nos llamaban Orang kota, es decir, gente de ciudad. Ellos son Orang gunung, gentes de la montaña.
Según nos acercábamos al lagp, el olor a azufre era más fuerte, y algunas veces nos hacían toser las humaredas. Aquí, en el fondo del cráter, vimos como recogían los trozos de azufre y las cestas preparadas para subirlas a la caseta. Recién recogidos, los trozos de azufre caliente son de un color naranja brillante, pero al enfriarse se vuelven de un color amarillo apagado.
Todo este azufre lo llevan desde Ijen al puerto de Surabaya, desde donde se envía a China para hacer bombas, según nos cuentan.






2010 november 27th

The trip from Probolinggo to Ijen wasn´t as long as the one from Yogyakarta to Probolinggo, but it took us several hours anyway. According to the agency, our program included the visit to a coffee plantation, but when we arrived to the destination was almost dark.
At least, the place where we stayed was for sure a coffee plantation by the time of the Dutch. Well, only the main building in the complex, for the rest, where our rooms were, looked much more rickety. Anyway, the best thing was the swimming pool and the hot tub!! I run for my swimming trunk, and after swimming a little bit, I warmed up in bubbling waters of the hot tub. I was there with Manon, the Frenchs, some blonde Americans from USA and a very nice German-French couple that worked in Jakarta.
We were very happy there relaxing and chatting on superficial subjects with the muezzin callings in the background all the time: next day was Idul Adha, the big Muslim holiday 70 days after Idul Fitri, the end of Ramadan, when the lambs are sacrificed.
Then, the ginger guy who put me out the Bromo belvedere, showed up. "Shit", I thought. He sit next to me, he introduced to everybody and after several tries, he monopolized the conversation with his animal sacrifices experiences. Some moments after I stand out, said I was going to the toilet and never came back.

Next morning after breakfast and a strong Java coffee, we were taken to the path leading to Kawah Ijen. This place is really unique. Not only you walk up to see the nice views of the volcano, but also you are able to see in action the workers of one of the most extraordinary professions in the world.
In the way to the crater one must pass by some timber huts where the workers unload the sulphur they´re taking in their baskets.
In one of the huts there is a bar where you can get some drinks and kreteks, the clove cigarettes Indonesians love so much. We bougth a couple of packets.

We met then the first workers around the huts. They were starting their second walk to the bottom of the volcano to fill up their baskets again with sulphur and then come back again in the huts. The workers have to walk to the crater, for from the huts, the road is too narrow and steep for the trucks. They come into the toxic smokes of the volcano to pull out the sulphur pieces, and once they have two baskets full and ready, they put them up in a bamboo pole and load themshelves down with it. They climb the steep caldera up to the rim with the loaded pole and walked down to the huts. Sulphur is heavy. Usually they bring a load around 80 or 90 kilos. Many of the workers have therefore some scars on their shoulders and back and have still their legs bended when resting. Despite everythin they look happy to greet the tourists, specially when they offer them kreteks before they ask for them.

Two volcano guys started soon talking to Manon and me. One of them could speak English. We lighted a couple of kreteks and we were invited to walk with them to the crater. They were really nice, and love, like most of the Indonesians, to be photographed. They stopped all the sulphur loaded workers we met in our way to greet us and perhaps take a picture and of course to give them a couple of cigarettes. They called one colleague Rambo, for he was loaded down with 100 kilos. Manon, who is more observer and sensitive than me, exclaimed: -"Look how he is walking with his legs all bended!" And she was right. They were trembling and he even couldn´t walk straight. Not in vain this profession is considered one of the hardest in the world. They are all very proud of it, and are admired and respected in their villages. Their wage is also very good. The worst of it is of course the work conditions: highly physically demanding in a very toxic atmosphere. That´s why most of them don´t get old, or better said, they get old years before anybody should.

A little further in our way the wonderful view of the crater opened, with the turquoise blue lake in the center at the bottom sorrounded by the smells and smokes of the sulphur leaks. That morning we had been warned in the hotel of the dangers of going down (for sure somebody has died there sometime), but we couldn´t refuse the invitation of our two workers companions. When we started going down we met a little group of three Spaniards I had already seen in Yogyakarta and Bromo. They were always talking, and sometimes on the most interesting matters, such as silicone breasts or how nice the Spaniards were and how much Indonesians liked them. They didn´t want to walk down, what a pity.
While going down, Andy and his colleague laughed, for we were very clumsy. They said we were orang kota, that is, town people, and not like them. They are orang gunung, people of the mountains.
When we were already approaching the bottom of the caldera, the sulphur smells grew stronger and sometimes the smokes made us caugh. Next to the lake we could see how they took the sulphur and put it in their baskets. At the beginning it has a shiny orange colour, but when it gets cold, it turns to be dull yellow. All the sulphur taken is sent to the port of Surabaya, and from there to China where it is used for making bombs, they told us.


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