Camino 7. Astorga-Ponferrada. Cambio de aires.


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April 27th 2008
Published: April 27th 2008
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Astorga-Ponferrada


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18 de enero. Viernes

Está aún oscuro, y unos golpecitos en el hombro me sacan del duermevela.
"brgbrgh. que sí, que sí"
Richard quiere levantarse, pero no levantarse solo. Aunque me fastidia, en el fondo me gusta pues me hace sentir que no estoy solo en esto de hacer el camino.
Kim y Nam se levantan casi a la vez, y en otro dormitorio en frente, se levanta un grupo de cuatro chavales italianos que comienzan hoy el camino en Astorga.

A los coreanos les doy una naranja y ellos me ofrecen unas patatas hervidas, que tienen siempre en sus mochilas para cuando les viene el hambre. No gracias, no me apetece.

Nos despedimos todos efusivamente. Richard, Kim y Nam se marchan, y luego voy yo. Tras demorarme un rato poniendo a punto la bicicleta en una gasolinera emprendo camino.
Murias de Rechivaldo, 4 kilómetros más tarde, es un bonito pueblo maragato, con sus típicas casas arrieras. Pero paro muy poco aquí, pues el tipo del que hablé la entrada anterior posee aquí un albergue privado. Sé que en este tiempo está cerrado, pues no es rentable abrirlo con tan poco peregrino. Por si acaso, y aunque yo no sea chica ni esté buena, paso como un sputnik.
Es Murias la entrada de la Maragatería, y el pueblo siguiente, Castrillo de los Polvazares, es su pueblo más típico y más bonito, con sus calles empedradas y todas sus casas arrieras en piedra. Es por ende un pueblo típico de domingueros, que en verano y los fines de semana debe de parecer un parque temático.
Por suerte tengo el pueblo para mi solo. Me saluda un pastor alemán viejo y me husmea las alforjas. Calle arriba y calle abajo sobre la bicicleta parece que estoy sobre un lavadora centrifugando, tantos son los cantitos con los que están empedradas las calles.
El pueblo es muy bonito y practicamente todas sus casas están arregladas y sus puertas bien pintadas.
Antes de la llegada del ferrocarril, Castrillo era un pueblo de arrieros. Con sus carros y bueyes llevaban embutidos hasta Galicia, y desde Galicia traían salazones de pescado. Ahora el pueblo vive del turismo de domingueros, a los que ofrece no sólo unas cuantas fotografías para el album familiar si no también el cocido maragato previo pago en alguno de sus restaurantes. Primero se come la carne:vaca, cordero, lacón, cecina, chorizo, cabra, tocino, patitas y oreja de cerdo con el relleno; luego sigues con los garbanzos, el repollo y la verdura para terminar con la sopa de fideos.
Es decir, que no hay dios que se lo coma entero.

A partir de Castrillo se aprecia claramente que el paisaje ha cambiado, que ya no es páramo. El terreno empieza a ser ligeramente ondulado, hay colinas y los montes parecen que están al alcance de dos pedaladas. Ya no hay tantos cultivos y hay muchos más bosquecillos y prados de hierbajos secos.
La carretera va ascendiendo muy suavemente hacia los pueblos siguientes.
En Santa Catalina de Somoza veo en un banquito almorzando a un peregrino rodeado de gatos.
¡Coño, si es Richard! y ya almorzamos juntos. Compartimos unas barritas de esas de muesly.
Yo espanto a los gatos, y él les da de comer.
Nos damos otro abrazo, nos despedimos, nos deseamos lo mejor y poco a poco le voy dejando atrás en el camino.

A Rabanal del Camino llego muy bien. La carretera asciende muy suavemente, no hay viento y el sol luce con toda la fuerza que le deja el mes de enero. Me tengo que quitar algo de ropa.
A la entrada de Rabanal una furgoneta se para y su conductor me pregunta.
"Pues no sé donde vive Manolito, no soy de aquí"
"Ah, claro, que serás peregrino. Ya decía yo que ibas muy equipado"-me dice con acento berciano.

A partir de Rabanal comienza la ascensión al monte Irago, el punto más elevado de todo el camino francés, donde está la famosa cruz de hierro. Supone el límite también entre la Maragatería y la comarca del Bierzo.
Es con diferencia la ascensión más dura que emprendo en el camino, acostumbrado que estaba a que el terreno fuese casi llano. Me lo tomo con tranquilidad y poco a poco llego hasta Foncebadón, el último pueblo maragato, pero de aspecto más berciano. Estuvo abandonado unos cuantos años hasta que empezaron a pasar peregrinos necesitando albergues y restaurantes. Ahora tienen hasta vacas, que impregnan el paisaje con el olor de sus excrementos. En algunas zonas quedan aún restos de la nieve que cayó hace un par de días que se derrite lentamente.
Las vistas desde Foncebadón son muy amplias hacia el este. Se llega a ver gran parte de la llanura de la meseta, de colores apagados. Dicen que en los días excepcionalmente claros se llega a ver toda la provincia de León, hasta Sahagún de Campos.

Pero para la cruz de fierro hay que subir algo más. Y yo que creía que ya estaba... snif snif
La cruz es pequeñita, clavada a un tosco palo bastante alto. La base es un montecito de piedras que han ido dejando los peregrinos.
Según la tradición, los peregrino tenía que traer una piedra de su lugar de origen, más grande cuanto más grandes fueran sus pecados.
Yo he traído dos ladrillos grandes: un libro de química y otro de cálculo infinitesimal. Prefiero que me los bendiga el apostol y no tenerlos que comprar de nuevo o sacarlos de la biblioteca. Dejo una piedra del merendero en su lugar.

Manjarín es el pueblo siguiente, si se puede llamar pueblo. Su población es escasa, pues sólo hay un habitante: Tomás, un caballero templario. Éste caballero, entre otras hazañas, advirtió hace unos años a Ratzinger que se convertiría en papa o al revés, no me acuerdo.
Regenta un albergue que se ha hecho famoso no sólo por quien lo regenta, si no también por su falta de higiene.
En otro momento me hubiera gustado entrar y que me sellase la credencial, pero ahora no me apetece tratar con alguien demasiado peculiar y "ligeramente" iluminado, aunque Juanito me hubiera dicho que le diese recuerdos de su parte.
Lo siento Juanito.
En mi mente retumba su voz: "¡¡Serás maricón!!"

Tras Manjarín unos carteles advierten al ciclista del peligro de la bajada. Es larga y a veces pronunciada. Las vistas siempre estupendas, viendo casi todo el Bierzo, Ponferrada y todas las montañas que rodean la comarca. Detras y a la izquierda (sur) los montes Aquilanos, y al fondo, aún lejanos (norte y oeste) los Ancares, por donde pasaré mañana para entrar en Galicia.

Despues de pasar el bonito pueblo de El Acebo los colores van cambiando del amarillo al verde, los pajaritos cantan y empieza a oler a primavera, ya están floreciendo algunas plantas. Se aprecia que aquí el clima es más benigno que en la más alta y áspera meseta. A partir de Molinaseca se empiezan a ver viñedos, y al poco se llega ya a Ponferrada, la capital de la comarca.

Lo primero que hago al llegar es buscar el albergue, y tras pasar unas cuantas veces por la plaza y preguntar un par de veces llego. Está muy cerca del casco viejo. Es una casa en un enorme aparcamiento y junto a una iglesia en la que están enterrando a un muerto.
Me recibe un hospitalero con cara de sapo. Muy correcto, rallando la amabilidad. Me sella, me registra, me pide un donativo y espera a que se lo deje.
"Toma 5 euros"
Me explica los servicios que ofrece el albergue, recalcando que la capilla está siempre abierta y los horarios de misa. Parece estar especialmente orgulloso de los supermercados de Ponferrada, pues me los nombra uno por uno, aunque no me indique dónde están.

Y antes de que se me haga más tarde y oscuro, una vez me he duchado, salgo a dar un paseíto por el centro.
Directo me dirigo al Castillo de los Templarios, que no sé muy bien por qué se llama de los templarios apenas hay nada que quede de su época. A principios del siglo XIV pasó entonces a depender de la familia de los Castro, que construyeron el castillo viejo. Luego pasó a manos de los Osorio y tras varios follones ya pasó a manos de la corona. En el siglo XIX se utilizaron muchas de sus piedras para otras construcciones, así que está ahora en ruinas. Unas ruinas muy románticas si no fuera porque desde hace unos años han empezado a reconstruir parte de muros y torres, además de construir pabellones modernos como centros de interpretación y cosas de esas y llenar todo el recinto con pasarelas metálicas.
Todo está explicado con paneles informativos, en los que muestran fotografías antes y después de la restauración. Se han cargado todo la magia.
Por suerte queda una parte, lo que era el castillo viejo, que aún no lo han tocado y permanece con este encanto de lo añejo.

El resto de la ciudad no es que sea ni mucho menos espectacular. La parte moderna, que se ve estupendamente desde lo alto del castillo, es horrorosa, como correspodería a una ciudad básicamente minera y siderúrgica. Por los menos el paisaje es agradable.
La parte vieja tiene un encanto discreto, en las que se mezclan edificaciones viejas con nuevas. En la plaza mayor por ejemplo, junto al ayuntamiento del siglo XVIII? hay un instituto construído hace 2 o 3 décadas.
Se ve que todo el centro lo han arreglado hace poco a la vez que el castillo. Todo el pavimento y el mobiliario urbano es nuevo.

Y todo está muy tranquilo. Para ser un viernes a las 8 de la tarde en una ciudad de 70.000 habitantes, demasiado tranquilo. Hay poca gente por las calles, y eso que hace bueno, y no tengo que hacer cola en el supermercado. Esto es siniestro.
Me imagino que el centro de vida de Ponferrada será otra parte, en la parte moderna, porque si no, sería muy triste.

De vuelta en el albergue me da tiempo a profundizar sobre los peregrinos y hospitalero con los paso la tarde.
Del hospitalero diré simplemente que me parece un gilipollas, aunque me ha tratado bien. No sé que ha sido, a parte de su no disimulado desprecio por los peregrinos que van en bicicleta. Me ha dicho dicho socarrón: "¿Pero sólo has hecho 50 kilómetros? ¿Sólo de Astorga? ¿Mañana irás a Sarria, verdad? ja, ja, ja. (Vosotros mugrientos ciclistas son tan poco peregrinos. Hacéis kilómetros y kilómetros sin apenas esfuerzo, haciendo que se pierda todo el signicado de la pregrinación. Yo sé perfectamente de que se trata esto, pues estaba aquí desde el principio. Soy el superperegrino y así he hablado)"
Y todas las veces que me ha soltado este discursito (exceptúando lo que está entre paréntesis) siempre le he respondido que no voy con prisa y mañana con entrar en Galicia me conformo.
A parte de esto, él es correcto, no voy a decir simpático. Me da la sensación de que es una persona de esas que tienen la suerte de tener con ellos la verdad absoluta, y por tanto, siempre razón. Vamos, resumiendo, un gilipollas.
He de decir, que no sólo yo tengo esta percepción, pues las opiniones de otros peregrinos que me he encontrado y de los foros de internet coinciden.
De hecho según éstos se ha debido de comportar de manera bastante asquerosa y prepotente, cosa que esta tarde que estoy yo, no sucede.

En cuanto a los peregrinos, destaca un francés viejo con barbas que está loco. Se almorzó 8 huevos y estaba intentando dormir a las 5 de la tarde, antes de que fuera a visitar el castillo. Cuando entraba al dormitorio a dejar las alforjas, extender el saco, a coger o dejar las cosas de la ducha y del aseo, se renfufuñaba, renegaba y me gritaba en un francés arrebullado así de este modo:
"¡Soy peregrino yo, y quiero dormir!"
Indistintamente me gritaba a mi y a un italiano que acababa de llegar. Este italiano de Parma parece estar bastante cerrado en sí mismo, como viviendo en una burbuja. Se abre un poco después de que le invite a tomar un té de los que compré ayer en Astorga.
Hay otra peregrina inglesa-española (sin pena ni gloria) que charla bastante con un matrimonio de Palencia. Esta pareja ha hecho varias veces el camino de Santiago y disfrutan ilustrando a la inglesa-española hablando de todas sus experiencias peregrinas.
Tan absorbida estaba la chica por la conversación que ha tirado unos papeles en el cubo de deshecho orgánicos. Lógicamente el hospitalero, que come manzanas, se ha molestado. Pero por suerte no lo paga con ella. Se desahoga hablando de que cómo está el mundo y los peregrinos, que nunca echan los cristales en el cubo del vidrio y los envases de los yogures y latas de sardinas en el cubo de los plásticos y metales.

Echo de menos el albergue de Astorga. El mal olor del francés me hace recordar el olor a limpio de ayer. La pareja, la inglesa y el italiano me hacen echar de menos a Richard y los coreanos y el hospitalero de Astorga, un portugués muy salado, hace quedar al de la cara de sapo a la altura del fango de su charca.

Una llamada al núcleo duro familiar me confirma lo que me estaba ya temiendo. Cuando llegué a Santiago me vuelvo a casa en autobús. Adiós al camino de la costa en bicicleta.







18th january 2008. Friday

It is still dark, and some little knockings on my shoulder take me out of the slumber.
"brghbrhg"
Richard wants to get up, but not alone. Altought it´s bother me, I actually like: it feels like not doing the camino all alone.
Kim and Nam get up also almost at the same time, and in the dormitory next to us, a little group of Italian friends starting the camino in Astorga do likewise.

I give to the coreans an orange, and they offer me boiled potatoes. They always have boiled potatoes in theirs rucksacks ready to eat any moment when getting hungry. No, thank you. I´m ok.

We say good bye each other warmly. Then, Richard, Nam and Kim go, and after it´s me who leave. I check the brakes and wash and fix the chain at the petrol station, and when I´m ready I hit the road.
Murias de Rechivaldo, four kilometers ahead, is a nice village from the Maragateria, with the typical muleteer(=arriero) houses. I don´t stop in this village much, for the fellow I wrote about in the last entry has a private albergue in here. I know this albergue will be closed, too few pilgrims to be profitable. Just in case I go out of the village like a sputnik.
Murias is the entrance to the Maragateria shire, and the next hamlet, Castrillo de los Polvazares is considered its most beatiful village, having all the strees paved (rinding on a bike feels like being on a washing machine centrifuging) and all the muleteer houses built in stone. These muleteers(=arrieros) existed before the railway arrived in these lands. On their carts pulled by oxes, they took to Galicia embutido (ham, chorizo and other meat sausages) and cereals, and from Galicia they brought fish.
These houses are very well kept and painted. Therefore the village is very nice and a main goal for many of the daytrippers who come around this area.
Fortunately, a friday morning in winter is very quiet and I only meet a german shepherd that wellcomes me in the village and sniff out my saddlebags. Bad luck, nothing to eat. However most of the weekends Castrillo has to be very similar to a theme park, with all pretty sights, handicraft shops and restaurants, where the cocido maragato can be eaten. When having this typical stew, first you eat the meat: cow, lamb, lacon (front pig legs), cecina, chorizo, goat, bacon, pig hoofs and pig ear among others. Secondly you have the peas with the cabbage and other boiled vegetables and finaly you have the brood with noodles. That is to say: nobody can eat all what it´s served.

After Castrillo the landscape has clearly changed. It is different from the páramo: slightly upwards, some hills start to show and the mountains I started to see yesterday seem very close, in a couple of pedal hits distance. There are not so many worked field and more little forests and dried prairies.
In the next village, Santa Catalina de Somoza, I find sombedy eating something seated on a bench and feeding some cats.
Good heavens! It´s Richard! and we share some muesly bars and eat together.
I try to sacare away the cats, but Richard feeds them.
We hug again, say goodbye and wish all the best each otherwhile and little by little I leave him behind.

I get to Rabanal del Camino without a problem. The road has been going up but very slightly. There is no wind and the sun is shining and heating with all the strong that the month of january lets it. I have to take off some clothes.
By the first houses of the village a van stops and the drivers asks me.
"I don´t know where Manolito lives. I´m not from here"- I answer
"Ahh. So you must be a pilgrim. You have so many things on your bike..."-he says with an accent from El Bierzo.

Right after Rabanal the road steeps up to the mount Irago, the highest point in the whole French Camino (around 1.500 meters high), where the famous iron cross=Cruz de fierro is erected. It is also the boundary between the Maragateria and El Bierzo. It is the hardest ascension so far. Well, until now it was almost completely flat, but it has changed, and it will go up and down until Santiago.
I take it easy and finally arrive in Foncebadón, the last hamlet in the Maragateria, but having a look much more like the villages in El Bierzo. Foncebadón was forsaken several decades until pilgrims start to pass through the mount Irago needing albergues and restaurants. They few villagers who returned have now also cows, that make the landscape be saturated with the odour of their dungs. In some parts there is still some snow that fell a couple of days ago, now melting away slowly.
The views from Foncebadón are very broad when looking at the east, the dull coloured flat meseta which ends at this point. It is said that in extraordinary clear days the view reach until Sahagún de Campos.

But for getting into the cruz de fierro you have yo go up something more. And I tohught I was already there...
The iron cross is very small, sticked into a long straight trunk pretty high. At the base a big heap of stones piled all along the years by pilgrims.
According to the tradition the pilgrims should bring a stone from the place they come, bigger ther greater are their sins. I´ve brought two big bricks: chemistry and calculus books. As I prefer my books being blessed by the apostle and not buying some new ones, I leave at the heap a stone I have just taken from the picnic spot next to it.

Manjarín is the next hamlet, if the name hamlet can be applied to this place. There is only one unhabitant: Tomás, a templar knight.
One deed of this knight, among many, was to predict to the same Ratzinger that he was to become the pope, or all the way around, I don´t remember.
He has an albergue there, that has become famous not only because of its owner, but also for the lack of hygiene.
Some other time I might have wanted to go inside and get my credencial stamped. Juanito told me some days ago to stop and greet him but right now I don´t feel like meeting such a peculiar and enlightened specimen. I´m sorry Juanito.
In my brains I hear the echo of his voice: "You are pussy!!"

After Manjarín some signs warn the cyclist about the danger of the descent. It is long and sometimes steep. The views are always wonderful and the eye catch almost all the Bierzo shire and the mountains that surround it: the mounts Aquilanos to the south and to the north and west the Ancares, that I will cross tomorrow to enter Galicia.

Once I leave behing the nice village of El Acebo, the colours of the landscape start to change, turning from yellow to green. The birds sing and into my nose a scent of spring come: some trees and grasses blossom. It feels that the wheather here is milder than in the higher and rougher meseta. Since Molinaseca the vineyards are many, and soon after I arrive in Ponferrada, El Bierzo´s capital.

The first thing I do is to look for the albergue. I cross several times the main square, ask a couple of times and finally I find it. It is not far at all from the old town, a house in a huge parking place and next to a church where right now there is a funeral going on.
A toad shaped face hospitalero stamps my credencial and ask me for a donation. He is very correct, almost nice.
"There you go 5 euros"
He tells me every single facility the albergue has to offer, making a special mention to the chapel, always open, and the mass times. He also seems very proud of the supermarkets in town, for he names them one by one. He doesn´t tell me where they are though.

Once I have taken a shower, before it gets dark, I go out to know a little bit the town.
I go straight to the Templar castle. I don´t really understand why it has this name, for there is almost nothing from the templars. At the beginning of the XIVth century is was part of the Castro family heritage, whose members built the so called old castle. Then, the Osorio were the owners and after some quarrels it went under royal protection. During the XIXth centuries many of its stones were taken out and used for other buildings, making the castle be just ruins. The ruins, its remains, towerr and walls would have been very romantic if not suffering an agressive restoration-reconstruction: totally new pavilions and metallic stairs, verandas and catways all around the place but in the old castle, thanks heaven.
Everything is explained in some information pannel, some of them with pictures showing the castle before(very romantic) and after the restoration (shame on them).

The rest ot the town is not that spectacular. The new neighbourhoods, of which a nice view you can get from the castle walls, are just horrible, as a good mining and ironworking town as Ponferrada is, should have. At least the landscape is nice.
The old town has a reasonable charm for the mixing of historic, old and new buildings. For instance, in the plaza mayor (the central square), next to the XVIIIth? century town hall there is an around 30 years old shabby grammar school.
It can be also seen that most of the streets have been recently restored, probably at the same time as the castle. The stone floor, lights, benches... seem quite new.

And the town is very quiet. I mean, too peaceful for being friday evening in a more that 70.000 inhabitants city. The weather is unsurpassable (for january), and there are just a few people walking in the streets. Even in the supermarket I don´t have to queue to pay the bill. That´s ominous!
Maybe all the life in the new town and I am misjudging Ponferrada.

Back in the albergue, I have the time in the evening to know better and deeper some of the personalities there.
About the hospitalero I can say that I think he is an asshole, though he treats me correctly. I don´t know what has made me think of him this way. Perhaps it´s been his comments showing his not hiden contempt against the cyclers. "They are not actual pilgrims" he says a few times and it hurts.
"Did you make only 50 kilometers, only from Astorga? I bet you go tomorrow to Sarria, at least 100 kilometers, jejejejeje. (You shabby cyclers are so not pilgrims, doing so many kilometers a day without true effort and losing the true meaning of the pilgrimation. I know perfectly what it´s all about, for I was here since the beginning. I am the superpilgrim and so I spoke)" he says to me sarcastic at least three times (not of course what it´s between the brackets), and always I have answered that I was taking it easy, that I wasn´t in a hurry and that getting tomorrow into Galicia was enough for me.
Apart from that he is correct. I have the feeling that he is the kind of lucky person who is always in possession of the absolute truth, and therefore he is always right. Summarizing: an asshole.
I have to say that this is not only my own personal perception, for other pilgrims I met later or read in some net forums are of a similar opinion. Accordingly to these witness, on regular ocasion this hospitalero behaves in disgusting and .
Luckily tonight, he has a good night.

As for the pilgrims in the albergue, the most outstanding one is and old french with beard who is clearly nuts. He had eight eggs as lunch and was trying to sleep at 5 in the afternoon, before I went out to visit the castle and dinner. When I was going into the stinky dormitory to leave my bags, spread the sleeping bag on my bed or take and leave the the teethbrush or the soap for the shower, he started to grunt and shouted at me: "I´m a pilgrim myself and I want to sleep!!!!!"
He also shouted at another italian pilgrim who had just arrived, several minutes after me. This italian pilgrim seems very enclosed into his thoughts and the changes in the external enviroment don´t have much effect upon him. He opens up a little when he accepts a hot tea I offer him.
There is another female pilgrim, half spaniard, half english, who talks to an old couple from Palencia. This couple has supposedly walked the camino several times and give to the mid aged lady a lesson on the camino: they tell her about all the events on their previous caminos.
This lady is so utterly sunken into the conversation that she makes a big mistake: she throws some papers into the organic wastes bin. The hospitalero is eating apples at that moment, and realize of her mistake. Luckily, as I said before, tonight he has a good night, and instead of discharging all his rage upon her, he starts to grump about the little care the pilgrims have about the enviroment, about plastics, glass, cans and rubbish.

All this make me miss the albergue in Astorga. The stinky frech reminds me of the cleaness of that albergue. I would change the couple of Palencia and the Italian for Richard and the Coreans. And of course, the hospitalero of Astorga, a nice and funny portugese, makes the toad face hospitalero in Ponferrada not to be up at his entrusted task.

A phone converation with the hard core of my family confirms what I was afraid of. Once I get to Santiago I must go home. No cycling of the north camino.


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FoncebadónFoncebadón
Foncebadón

la meseta desde un borde


26th January 2009

Querido gilipollas
Pues eso, que por lo que escribes, aquí el único gilipollas debes de ser tu. Hasta nunca.

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