Lo mejor que le puede pasar a uno es que alguien le recomiende NO VISITAR un sitio. Desde que estoy en América, Detroit se ha llevado enormes palos por parte de americanos o de compañeros de viaje, quienes la han considerado una ciudad peligrosa y anodina. “Pasa de largo y no pierdas tiempo ahí”. Lo cierto es esos comentarios influyen a la hora de arrancar y he sopesado la posibilidad de esquivarla. No me apetecía otra Toronto, con la que, por la razón que sea, no hemos conectado.
Además el día ha empezado mal. Nada más abandonar el Hostel y poner la directa hacia la carretera se ha encendido un piloto del coche que indica “Se requiere mantenimiento”. En seguida me he acordado del empleado de Alamo que ayer comprobó a petición mía ese mismo piloto y que me aseguró que aún podía hacer cuatro mil quilómetros sin problema. Luego debería cambiar el aceite. El caso es que aún me hallaba en Canadá y hacer una parada para cambiar el aceite podría suponer perder un día entero. Considerando que más grave sería tener bajo el nivel del aceite, he tomado la decisión de tirar hacia Detroit y, en caso de
gripar motor, echarle las culpas al empleado de Alamo Canadá, quien, a su vez, no se responsabilizaría de un coche matrícula de Florida.
El segundo problema ha sido la hora de retenciones a la salida de la ciudad y sobretodo a medida que se acercaba la bifurcación que se toma para ir a las archifamosas Niagara Falls (o Cataratas del Niágara). Al menos esa hora ha servido para llegar a la conclusión de que en cuanto sea posible viajar a La Luna en plan turista, será mejor hacerlo en temporada baja y evitar el mes de agosto.
Una vez reanudada la marcha y cuando ya quedaba poco para la frontera, he decidido quemar los últimos dólares canadienses en gasolina y porquerías varias. No es fácil decidirse ante la cantidad de bebidas de colores eléctricos que llenan los escaparates. Asimismo hay infinidad de salados y dulces, siendo los productos estrella aquellos que publicita Homer Simpson con esa cara de viciosillo del colesterol.
A medida que se acerca el nuevo destino, el nivel de males disminuye. La emoción ante descubrir una nueva ciudad substituye el cansancio o la soledad por una sensación de lo más agradable. Además, en esta
tierra tienen muy buena radio y si se elige la emisora adecuada no hay de qué preocuparse. Ya desde tierras canadienses se empieza a divisar el bonito skyline americano de Detroit. La mayor parte de la retención aduanera se la pasa uno en el gran puente que se levanta sobre el lago que separa ambos países.
-¿Nacionalidad?
-Español.
-¿A dónde se dirige?
-A Detroit y luego a Chicago.
-¿Y por qué Chicago?
-Porque estoy de viaje por Estados Unidos y está en mi ruta antes de llegar a San Francisco.
-¿A qué se dedica usted en España?
-Trabajo.
-Ya, ¿pero de qué?
-En una empresa.
-¿Pero de qué?
-…
Orgulloso de su eficaz interrogatorio antiterrorista, el agente de aduanas me ha dejado pasar, entrando así por fin en la Motor City. Cuando llego a una ciudad sin mapa ni reserva alguna, normalmente me doy un par de vueltas por el gigantesco Downtown (centro) y eso me basta para orientarme y empezar a buscar. Estas vueltas sirven también para empaparse del sabor de la ciudad. Es este caso me he encontrado una calurosa, amplia y gigantesca jungla de asfalto. Los pocos peatones que se observan eran borrachuzos o parecidos.
Las distancias son tan grandes que no tiene mucho sentido ir andando y menos con este calor. Sólo el centro de Detroit tiene cinco quilómetros de largo por cinco de ancho. A partir de ahí empieza la ciudad y luego el área metropolitana.
Eran casi las tres cuando por casi por error he encontrado un atractivo y no demasiado caro Shorecrest Inn que está a apenas un quilómetro del edificio de General Motors que he considerado como el centro de la ciudad. He dejado algunas pertenencias en la habitación y me he apresurado a coger un mapa de la ciudad. El principal atractivo era encontrar “Hitsville, USA”, o lo que es lo mismo, el lugar donde se creó el sonido Motown. Uno sólo tiene que alejarse del centro por la anchísima y deshabitada Avenida Woodward. A un par o tres de quilómetros se cruza con Grand Boulevard y lo toma en dirección oeste. Y ahí, en el número 2648, está el epicentro de ese sonido, una casa adosada que Berry Gordy convirtió en 1959 en el Studio A del sello discográfico y que ahora es el Motown Historical Museum.
Si el Apollo Theater neoyorquino es la Meca Negra
de las actuaciones en vivo, “Hitsville, USA” es la Meca Negra del sonido enlatado de esa misma música. Por ahí han pasado y han grabado los más grandes: Smokey Robinson, Marvin Gaye, The Temptations, The Supremes, The Jackson Five, Stevie Wonder,… La fórmula del estudio era parecida a la de los estudios de la RCA de Nashville, donde noche y día acudían los artistas a cocinar hamburguesas y grandes hits. En la cocina aún se puede ver el rincón reservado para la botella del batido preferido de Stevie Wonder, único utensilio de cocina que nadie podía mover de sitio. Hoy en día el museo respeta la vivienda-estudio de Mr. Gordy tal y como estaba cuando realizó su última sesión de grabación en 1972. Incluso un efusivo y acelerado guía se encarga de hacer revivir a los
visitantes (el 99% de color) esos mágicos momentos, haciendo cantar y bailar a las mujeres el éxito de The Supremes “Stop! In The Name Of Love” y a los hombres “My Girl” de The Temptations. Una mujer se me ha acercado entonces.
-Mira, éstas lo hacen mejor que The Supremes.
-Ya, seguro.
Aún perplejo ante la seriedad y contundencia de tal afirmación,
he supuesto que también debe de haber detractores de Diana Ross y sus Supremes. Sin tiempo para más, he tomado unas cuantas fotos del archiconocido exterior y me he dado cuenta de que, si bien Mr. Gordy compró numerosas de las casas vecinas a “Hitsville, USA”, la única con la que no pudo fue la funeraria que hay al lado y que hoy comparte parking con el museo.
Otro parking célebre es el que ocupa el espacio donde estaba ubicado el teatro donde realizó su última actuación El Gran Houdini. En 1926, después de una actuación en la Universidad McGill de Montreal, Houdini recibió en su camerino a unos admiradores que querían comprobar en persona si era cierta esa fortaleza física sobrenatural que el mago decía tener. Para demostrarlo, Houdini aceptó ser golpeado en el estómago por un estudiante que practicaba boxeo. Y aún no se había levantado de la mesa que recibió un derechazo en la zona abdominal. El rostro de Houdini se volvió blanco pero rápidamente tomó aliento y pareció recuperarse. Una vez de pie, le pidió al mismo joven que le golpeara de nuevo. El boxeador obedeció y esta vez ya preparado, el mago ni se
inmutó. Houdini se despidió de ellos y viajó en tren hasta Detroit, donde dos días más tarde ofreció su show en el Garrick Theater. Por lo que parece, el mago se quejaba de unos dolores insoportables en el vientre y le fue diagnosticada una apendicitis aguda. Pero pese a la fiebre de cuarenta grados, Houdini no accedió a ir al hospital hasta que no acabase su show. En al Grace Hospital de Detroit fue operado con urgencia pero falleció días después. Según el acta de defunción Houdini murió de peritionitis debido a una ruptura del apéndice.
Aún andaba absorto en la triste muerte del escapista cuando se me acerca un tío.
-Tengo entradas para el partido.
-¿Qué partido? ¿El de baseball?
-¿Cuántas quieres? ¿Una?
-Vale, dame una.
The Old Ball Game! Hasta ahora sólo había visto a negros en Detroit, pero acabo de descubrir donde estaban los blancos. Cuarenta mil almas llenan el estadio Comerica Park de los Detroit Tigers. Hoy se enfrentan a los Chicago White Sox y, para un novato como yo en lo que a deporte americano se refiere, lo primero que sorprende es que la acción está más en los pasillos del estadio
Detroit, MIPrimera ciudad en la que observo el alcantarillado humeante.
que en el propio terreno de juego. No hay centímetro de estadio que no esté ocupado por los quioscos que ofrecen desde cacahuetes, hamburguesas o pizzas hasta salchichas italianas, palomitas o algodón de azúcar, pasando por las enormes copas de gaseosa o esos batidos de colores. Los olores se mezclan y la gente también. Los niños van vestidos como sus ídolos, los mayores como les da la gana e incluso hay quien aprovecha su obesidad para ir disfrazado de Elvis.
Porque el baseball es el deporte perfecto para ello. Uno puede ir ahí como quien va al centro comercial. Lo de menos es el partido. En el interior se puede montar a la noria, a los autos de choque o se puede apostar sobre cualquier tema que se te ocurra, como “¿Cuántos espectadores habrá hoy?” o “¿Qué canción será la elegida para la conclusión del encuentro?”. Las primeras mangas carecen de emoción y la gente las utiliza para ponerse a tono con cervezas de litro de ocho dólares. Y se lo pasan pipa. Cada vez que la pelota sale fuera del campo, la batalla pasa a las gradas. Incluso he podido observar el puñetazo que le ha propinado un tipo a otro para conseguir la preciada pelota. En seguida ha venido la policía y se los ha llevado a los dos a primeros auxilios, viendo sobretodo como el pómulo del golpeado iba aumentando de tamaño rápidamente.
Luego se anima con música en cada interrupción, por lo que a ratos el tema se convierte en un concierto de rock. Lo más emotivo es en la séptima ronda, cuando el público se levanta para cantar “Take Me Out To The Ball Game”. Orgullosa de sabérmela, me he levantado y he sido uno más:
“TAKE ME OUT TO THE BALL GAME, TAKE ME OUT WITH THE CROWD/
BUY ME SOME PEANUTS AND CRACKER JACK/
I DON'T CARE IF I EVER GET BACK/
LET ME ROOT, ROOT, ROOT FOR THE HOME TEAM/
IF THEY DON'T WIN IT'S A SHAME/
FOR IT'S ONE, TWO, THREE STRIKES, YOU'RE OUT AT THE OLD BALL GAME.”
Y hoy los Tigers han perdido. Pero da igual, porque mañana juegan otra vez contra los mismos. Y pasado también. Y es que el baseball es con diferencia uno de los deportes y en que menos desgaste produce sobre los que lo practican. Se observa con facilidad que la mayoría de ellos tienen sobrepeso y golpean más que lo que corren. Algunos de los que hoy han jugado apenas se han movido. Los Rodríguez, los Guillén, los Gómez, los Santiago, los Ordóñez, los Polanco… Hay tanto nombre hispano que, por lógica, el ídolo de la afición es el único de origen americano: Brandon Inge, un tipo chaparrete y con las orejas salidas pero nacido en Virginia y eso aquí se considera.
Ya se estaba acabando el partido que un cámara de televisión se ha acercado por la zona y ha empezado a tomar imágenes de los que estábamos por ahí. Era evidente que al rato se giraría y saldríamos en la gran pantalla del estadio, por lo que he cogido mi cámara y he apuntado hacia el marcador. Aún siendo una maniobra complicada, al rato me he visto en la gran pantalla y he disparado. La foto le ha gustado tanto al padre de las dos niñas que también salen que me ha obligado a mandársela por correo esta misma noche. En cuanto a mi, se me puede ver en una esquinita, pequeña, pequeña, pequeña.
Pero ahí estoy.
1 Comment -
Add Public Comment or
Send Private Message
Hola, muy buenas. He podido ver que en agosto del 2007 estuviste en la Ciudad del Motor ( Detroit ). Té explico : Este año, mi novia y yo estamos dispuestos a irnos al Este de EEUU. Primero, estaremos en N.Y.C y en algún que otro momento nos pasaremos ( también ) por N.Yersey, ya que están muy cerca la una de la otra. En la gran manzana nos ospedaremos en un Hotel cerca del Madison Square Garden y estaremos un total de 11 dias. Después cojeremos un avión dirección Detroit en donde tenemos un Hotel cuyo nombre es "Shorecrest Motor Inn". Desde hace unos cuantos años he deseado ir a Detroit. Soy un amante de la música negra facturada en esta ciudad ( desde el Soul de la Motown, pasando por el P-Funk de George Clinton y acabando con el Detroit Techno ). Deseo poder ver la Hitsville Records ( Marvin Gaye o Stevie Wonder són unos de mis ídolos ) o poder entrar en la Submerge Records ( templo discografico del Techno ). Como ya he dicho siempre he soñado con poder viajar tanto a N.Y.C como a Detroit. Sobre Nueva York, no tengo ninguna duda, llevo una guia y me la he estudiado a conciencia, a demas de ser una de las ciudades ( actualmente ) más seguras de EEUU. De lo contrario de Detroit me invaden las dudas, no poseo ninguna guia ( ya que no es para nada turistica ). A dia de hoy Detroit es ( según la revista "Forbes" y otras organizaciones que se dedican a las estadisticas ) la ciudad más criminalista y peligrosa de EEUU. Solo en el 2006 hubieron 418 homicidios. Por ese motivo, estoy dudoso, pero por otra parte, necesito ir. Además, Detroit me parece ( a pesar de lo que digan de ella ) una ciudad arquitectónicamente maravillosa. No sé que zonas són realmente peligrosas, donde tengo que pisar o no. Mi pregunta es si sabes : Que zonas són las más conflictivas? Té Sentiste nervioso o tuviste miedo en algún momento? Es verdad que las calles están totalmente deserticas? No sé... cualquier cosa que me puedas decir o informar me servirá. Si fuera solo o con amigos, no estaría tan dudoso, pero al ir con mi novia, no sé.... no quiero que pase nada. pero los dos tenemos muchas ganas de hacer este viaje.
Pd: Tú experiencia me parece maravillosa, poder recorrer los EEUU en coche. Es otro de mis sueños pero tendrá que esperar. Gracias por tu atención. Saludos y buena suerte.
Mario. Barcelona / 3-7-2009
Add Comment
All Comments