Enciendo el portátil y veo que marca las 7.55 de la mañana hora española. Hago cálculos y me doy cuenta que llevo casi 24 horas despierto, pero en Nueva York son todavía las dos de la mañana. Tenía pensado escribir sobre los antecedentes de este viaje, el porqué, los días previos, el festival Summercase y su consecuente resaca… Pero lo fui dejando todo para el último día. Y no pudo ser.
Y ahora mismo me encuentro en un retrete del sótano del Chelsea International Hostel, procurando que la batería del portátil no se acabe y que la inspiración nos coja trabajando.
Seguramente notareis la lectura un tanto fraccionada… Así estoy yo, RIGHT NOW. Como os decía, pensaba contaros ordenadamente y de forma coherente como se han ido produciendo los hechos estos últimos días, pero desde que pisé hace cuatro horas Nueva York, se me ha llenado la libreta de ideas, imágenes, hechos y ensoñaciones. Y aquí estoy, vomitándolas.
La mayor parte del día ha trancurrido en un avión. De Barcelona a París. Muchas turbulencias, hasta el punto que la NIÑA que iba a mi lado se ha puesto como loca y le ha dado por sonreírme en medio
del pánico que hemos sentido a ratos. Me ha sonreído tanto que me ha enseñado toda su dentadura con aparatos de última tecnología. Nada más que comentar. Debido a que el avión ha salido con una hora de retraso, ya en Barcelona me han avisado que quizá debería coger otro Air France o incluso quedarme a dormir una noche en París. Eso no hubiera estado mal ya que hubiera ido a visitar la casa donde vivió y murió Serge Gainsbourg, pero al final, y después de una carrera por el aeropuerto Charles De Gaulle, con despiste y salida a la calle incluida, he conseguido meterme yo y sudor en el aparato.
El súper boeing siete-nosequé-siete aún ha tardado en salir ya que es el típico vuelo al que recurren las compañías de toda Europa para enlazar ciudades de segunda a nivel de aeropuertos (como Barcelona), con Nueva York. Tentempié, videojuegos interactivos, música e incluso me he tragado la última peli de David Fincher, Zodiac, que lo único que me ha aportado ha sido querer ir a Napa, California, donde tuvo lugar, en 1969, uno de los crímenes aún no resueltos del “Asesino del Zodíaco”.
Aterrizo. New York, New
York, pero me pitan mucho los oídos y detesto hacer colas. La primera cola es para salir del avión por el tubo de embarque. Observo que el tubo va equipado con cámaras de seguridad. Y después de un primer contacto con un prototípico agente de aduanas yanqui, me encuentro a la primera celebridad: Larry King.
Efectivamente, es en el hall de aduanas donde tienen una enorme pantalla de plasma que sintoniza en directo con la CNN para amenizar la espera de la cola de “Visitors”. Y ahí está Larry, nuestro amiguete de las camisas funkies y los tirantes orteras, hablando del tema del día “¿Está Al-Qaeda preparada para atacar a Estados Unidos?” y asomando la cabeza por la pantalla como dándonos la bienvenida a los que nos sentimos inmigrantes. De hecho el hall es una versión moderna de la Staten Island de los años veinte que aparece al principio de la segunda parte de El Padrino. La única diferencia es que aquí no nos ponen en cuarentena, aquí corremos el riesgo de no entrar.
De todos los centenares de “Visitors” que hacemos cola, sólo un par de coreanos son obligados a volver hacia casa (o eso me ha
parecido que le decía el agente del peluquín). Me hubiera encantado hacer fotos de eso, pero miles de carteles avisaban de que es una zona donde no se puede grabar absolutamente nada... Y nada, ahí, viendo a Larry King y a sus expertos en terrorismo debatir sobre lo que parece un inminente ataque de Uncle Osama al Tío Sam.
La cosa se ha agilizado en cuanto los “Citizens de USA” han dejado vacías sus colas, lo que ha permitido a los “Visitors” aprovechar también sus garitas.
-¿Por qué vienes a Estados Unidos? -me pregunta el agente de aduanas.
-Por turismo.
-¿Y por qué Estados Unidos?
-Por que me gusta.
Y se queda satisfecho, y me sella veinticinco papeles, y me deja entrar en America. Y ahí está mi maleta cogiendo moho y nadie de Air Link esperándome para usar su furgoneta compartida que había contratado para ahorrarme un trayecto en taxi (driver). Después de un rato de llamadas telefónicas, me dicen que el conductor está en el lavabo del aeropuerto y que en cuanto acabe de hacer lo que tiene que hacer, vendrá a por mi. OK. Aún estoy colgando el teléfono en la cabina que se me aparece un negro y me dice: “¡Tío, que estaba cagando!” “OK, man!”
Nos subimos a la furgoneta. Va llena a petar. Tengo que pedirle a una chica que se apriete un poco contra su antipática amiga para poder sentarme. El conductor, jamaicano, me pregunta que a dónde voy. Le contesto y se lamenta aún más: “Joder, tío, mira que tener que ir a Downtown, has tenido suerte de que he tenido que ir a cagar, por que sino…”.
Los compañeros de viaje son todos o bien unos muermos o no entienden inglés, porque nadie dice nada. Así que en cuanto baja la primera turista, aprovecho para ocupar el asiento de copiloto y así poder ver Bronx y Harlem a eso de las once de la noche. ¡Menudo flipe! El tío pone a su paisano Bob Marley y debido a que soy el que estoy en la parte más baja de Manhattan (calle 20), acabo haciendo las tareas de tour-operador, revisando los hoteles de los otros muermo-compañeros e incluso indicándole al “driver” por dónde tiene que ir. Me lo paso en grande. “¿Giras por Broadway, no?”. Y él me contesta. “Sí, tío”. “Yeah, man.”. Le pillo el truco a la noche neoyorquina y ya me siento uno más de aquí. “I love New York”.
Me deja delante del Chelsea International Hostel, que está al lado mismo del famoso Chelsea Hotel donde vivieron Dylan Thomas, donde Janis Joplin y Mr. Leonard Cohen “deshacieron las sábanas de su cama” (qué poético fue Leonard para contarnos que se acostó con Janis, ¿no?) y donde Dylan escribió a su mujer “Sad-eyed lady of the Lowlands” (léase, claro está, “Seeera, Lady of the Lownds”, por su mujer Sara Lownds).
Pero el ese hotel no me lo puedo permitir. Me meto en el Hostel, y después de pagar hasta el último penique por adelantado, el “Irish man” de la recepción me bendice (God Bless Yaaaaa!) y me da las llaves. Salgo con ellas a la calle, ya que se entra desde una puerta distinta y entonces tengo la primera visión del día. Media noche en la gran ciudad. Cubos de basura. Y un tipo de pelo blanco, vestido de dandy, con americana a rayas finas, blancas y negras, que se pasea con ¿una mujer que viste de rojo?
No... ¿¿¿¿¿¿¿ES ROBBIE ROBERTSON!!!!!!! Pero si me lo imaginaba más alto… No, espera, no lo es. Mierda, con las maletas aquí en la calle no puedo preguntárselo. Robbie está mirando las bolsas de basura con bastante atención, como si en ese montón de residuos buscara inspiración para algún solo de guitarra. Pero parece que no encuentra lo que buscaba y él y su pareja se alejan dirección a la 9th Avenue.
-¿Robbie? -grito mientras se aleja. No puedo hacer más ya que no me atrevo a dejar solas mis pertenencias en medio de la medianoche neoyorquina. Pero... Robbie se gira. Sí, es él. Con las mismas barbas y patillas que llevaba en 1969, pero con el pelo blanco. ¡¡¡¡¡Pero si en una semana estaré en el sitio donde se juntaron The Band (grupo del cuál fue líder Robbie) con Dylan en pleno retiro, en la casa Big Pink y me lo cruzo sólo llegar, delante del hotel!!!!!!
Sigo pensando que era Robbie Robertson, pero tengo mis dudas.
Aún emocionado entro en el Hostel y me encuentro a mis compañeros de habitación tumbados en ga(y)umbos en la cama. Me presento, y me largo rápidamente. Quedarse en la habitación con todo un país alrededor esperando a ser devorado es de *****. Además es casi la una y no he comido. Me lanzo a las calles del Greenwich Village. Nada abierto. Pero, ¡espera! ¿Éste no es el cementerio de “Érase una vez en América”? ¿Ahí no se carga Robert de Niro a Harvey Keitel en “Taxi Driver”? ¿No es ésta la Iglesia más antigua de America? Absorbido ante tantas referencias culturales e subculturales, no paro de tomar notas para que nada de esto se me olvide. Necesito mejorar mis crónicas con respeto las que escribí en mi anterior viaje por en transiberiano y se trata de un propósito firme y que no admite excusas. Incluso al sacar mi bloc de notas del bolsillo un “Taxi Driver” auténtico cree que le estoy haciendo el gesto de “párate” y se me detiene al lado. “You talkin’ to me, man?”. Todo es auténtico. Todo es New York, New York. Las alcantarillas, las fuentes rojas, las escaleras de incendios, los locales nocturnos…. Me apunto el VIP CLUB como visita obligada después de ver una limousine aparcar delante.
Y para cenar… ¡McDonald’s! Sí, amigos. Pero en qué McDonald’s del mundo te atiende una enorme cubana hablando por teléfono y diciéndole al otro interlocutor: “¿Pero ooooooye chiiiiico, que tú haces con tanta mujer...? ¿No crees que te vas a cansar de tanto follaaaaar?”. Ese "speech" se merece un aplauso, y para que se entere que la he entendido, cuando me entrega la hamburguesa le espeto, en español (y acento catalán) “MuchAs grAciAs”.
Consumismo. Volviendo al Hostel, con el Empire State de fondo, veo una pizzería. ¡Pero si acabas de cenar! That’s America! Entro y, tratando de parecer neoyorquino le digo con total seguridad al tío:
-Hola, mira, un trozo (slice, en inglés) de ésta y una cola pequeña.
Y cuela. Pero es a la hora de pagar que me delato. Y delante de todos.
-$3,50.
Saco del tirón tres billetes de un dólar y procedo a contar la chatarra. Y ahí se dan cuenta todos de que ¡AÚN NO SÉ CÓMO SON LAS MONEDAS! Me río de mi mismo y me giro a mi derecha, buscando comprensión. Pero ahí está un tipo impasible, con un sombrero de vaquero de cuero que me mira como a un forastero y que no tiene la más mínima intención de reír. Le miro, quito la sonrisa de mi boca, pago y me voy.
Y estoy en America.
3 Comments -
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HEY JOFRE!
ERES EL PUTO AMO!
ESTO SI QUE ES UN VIAJE A LA SUBCULTURA POP QUE NOS HA HECHO GRANDES!
CUIDATE Y SEGUIRE TUS AVENTURAS!
jj
Què vol dir USA ROAD TRIP? Fins on vas?
Digue-m'ho i encara tindré més enveja insana.
Jajaaja. Ozamave!!!!!! Road Trip vol dir que me las piro de punta a punta y tiro porque me... :) s;accepten idees....
Cuida't i molts petons i seguim en contacte per aqui.
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