Apenas he dormido tres horas. Ayer estuve hasta las cinco de la mañana intentando arreglar el desaguisado de Travelblog en la única sala con aire acondicionado de Arlington House. Conocedores de que se trata de la única sala con un poco de dignidad humana, la dirección del hostal ha escrito un cartel en el que se prohíbe tajantemente dormir en cualquiera de los grandes sofás del cuarto, so pena de tener que abandonar el edificio. A eso de las tres entró una pareja catalana que habían sido atacados por las cucarachas, por lo que decidieron pasar del cartel y dormir en el sofá. Fue agradable un rato de conversación en catalán y un intercambio de impresiones sobre cada uno de nuestros viajes. Tal y como me había propuesto, en cuanto los ojos empezaron a llorar de cansancio, sólo entonces, accedí a ir al horno a intentar conciliar el sueño. Y no me costó.
Por la mañana he abierto los ojos y ahí estaba Graham mirándome e indicándome que eran casi las nueve y que debíamos irnos. Nunca he estado tan cansado, pero hoy era un día con demasiadas tareas que solventar y, como me ocurre cuando estoy currando, al levantarme
me ha empezado a venir a la mente la lista de peligros que había que sortear hoy: salir del hostel y que me devuelvan del dinero, sacar el coche de la zona de parquímetro y traerlo hasta el hostel, entrar en el “mejor hostel grande del mundo” lo antes posible, encontrar un parking barato para el coche, ir a la empresa Alamo para que se miren lo del aceite, poner la ropa a lavar de forma urgente, intentar aprovechar algo el día y visitar algo interesante, conseguir comer de forma decente,… Como si de un día de curro se tratara, vamos. Pero estando de vacaciones. Otra tarea importante que me propuse ayer por la noche cuando sucedió el incidente de las cucarachas es la de difamar de forma activa e inflexible, y durante un mínimo de quince días, el Arlington House.
Pero la tarea más importante, y que debía pasar a ser la primera de todas, era visitar el sitio donde tuvo lugar la Matanza del Día de San Valentín, orquestrada por el gángster más célebre de la ciudad: Al Capone. Actualmente no quedan en Chicago restos de esos míticos y peligrosos años veinte. En las posteriores décadas las
autoridades se han apresurado en hacer desaparecer hasta el último rincón que pudiera recordar a esa época.
-Oye, ¿te importa que de camino paremos en un sitio que quiero visitar?
Graham no sabía lo que le esperaba. He parado para consultar una dirección en la libreta pero esta no aparecía. Entonces, y sólo entonces, he aceptado entrar en un Starbuck’s Coffee para así poderme conectar a Internet e intentar localizar el lugar exacto. Una vez hemos descubierto el número y la calle, ha resultado que estaba al lado y en seguida hemos podido observar que el número ya no existe y que el lugar que ocupó ese infame parking donde acribillaron a los miembros de la banda rival es ahora el parque de unas oficinas. Después de la pertinente toma de fotos y de imaginarse por momentos como debió ser esa noche, con la policía, las ambulancias, la prensa, Al Capone…, hemos decidido dar unas vueltas por la city.
Y casualmente ha aparecido, delante de nuestras narices, la única oficina de Álamo que hay en el Downtown. Me he metido en el parking y a continuación he pedido que me mirarán el símbolo de “Se requiere mantenimiento”.
En seguida han resuelto cambiar el coche y he aprovechado para pedir uno más pequeño y por tanto económico, ya que no necesito tanto espacio. El caso es que no tenían ningún coche pequeño y me han dado uno igualito al mío pero con un descuento de ¡500 dólares! Graham no se creía la suerte que había tenido. Yo todavía no me lo creo.
A partir de ahí todo ha salido rodado. Aunque ha llovido y el skyline no se ha dejado fotografiar hoy debido a la nieble, todas las sensaciones que han seguido el día han sido positivas, evidentemente causadas por tan sustancial ahorro. Poco ha importado la enorme cola, nunca antes vista, para entrar en el Hostel, ni el un tanto caro parking donde dejar el coche. Tanto la colada como la nueva dieta (¡) han sido un éxito y luego, en una salida nocturna a buscar fruta se ha puesto a llover y hemos podido realizar una graciosa y divertida sesión fotográfica bajo la lluvia.
Chicago, ILLugar donde estaba el parking de la Masacre del Día de San Valentín.
Chicago, ILLugar donde estaba el parking de la Masacre del Día de San Valentín.