Escribo estas líneas en la misma habitación donde murió Gram Parsons, tumbado en el mismo lugar donde dejó de respirar. Mi estado de ánimo durante los últimos días no está en sus mejores momentos, y se acusa tanto el cansancio como la soledad. Aún así, hospedarme en la habitación número ocho del Joshua Tree Inn me relaja y me hace sentir mejor. ¿Morbo? No sé, no pienso mucho en ello. Gram solía venir aquí a pasárselo bien y se pasó de la raya, pero el motel tiene encanto por si sólo y conserva las mismas doce habitaciones y la decoración de los años setenta. La mujer del motel me ha preguntado si era fan de Gram y le he contestado que sólo me gusta su música.
Para quienes no le conozcan, a Gram Parsons se le puede atribuir perfectamente el ser el creador del country-rock, de llevar el country a un punto más popular y de desligarlo para siempre de las ideas derechistas y republicanas. Formó parte del conocidísimo grupo The Byrds y fue el líder de The Flying Burrito Brothers, aunque también giraba únicamente bajo el nombre de Gram Parsons. Su música influenció a muchos, incluidos a The Rolling
Stones, quienes deben a Gram gran parte de Exile On Main Street, seguramente su mejor disco. Gram era además amigo íntimo de Keith Richards y ambos solían venir al Joshua Tree National Monument para subirse a una formación de piedras llamada Cap Rock, colocarse e intentar divisar ovnis por la noche. De esas juergas también nacían algunas de sus canciones.
El 17 de Septiembre de 1973 Gram Parsons llegó al Joshua Tree Inn, su motel de siempre y donde ya era amigo de los dueños. También iban con él su amigo Michal Martin, la seguidora Margaret Fisher y una amiga de esta, DaleMcElroy. Ese día debieron regalarse bastante ya que por la mañana siguiente Martin volvió a Los Ángeles a por más marihuana, aunque el motivo de su estancia era para que pudiera vigilar a Gram. Durante su ausencia Gram empezó a beber de su habitual Jack Daniel’s y al parecer consiguió algo de heroína que mezcló con la morfina que ya llevaba.
Horas más tarde Dele avisó a su amiga Margaret que Gram estaba en el suelo de su habitación (la número 1) con una sobredosis y con la cara de color azul. Fisher utilizó un cubito
de hielo como supositorio para revivirlo, al parecer un viejo método callejero en casos de sobredosis. Al parecer Gram se recuperó y fue a su habitación (la número 8) a dormir. Margaret le pidió a Dale que estuviera con él para controlarlo y ésta cogió un libro para leer mientras Gram dormía. Pero al rato se dio cuenta que su respiración era extraña e intentó reanimarlo, pero fue inútil. Gram había muerto.
Pero la historia no acabó aquí. El cuerpo de Gram debía ser llevado a New Orleáns para ser enterrado ahí por deseo de su padrastro, quien, pese a no tener mucha relación con Gram, deseaba la herencia y, según las leyes del estado de Louisiana, si se puede demostrar que un hijastro vivía con su padre político, en caso de muerte la herencia puede ser para el padrastro. El caso es que éste señor pensó que enterrándole en New Orleáns conseguiría demostrar lo indemostrable, que Gram vivía con él.
En cuanto se enteró de eso el road-manager Phil Kaufman se puso como una moto, ya que al parecer él y Gram habían acordado de que en caso de que muerte de uno de los dos, el
otro haría todo lo posible para evitar un funeral convencional. Kaufman llamó a Martin, quien aún se encontraba en Los Ángeles y le pidió que le acompañara en la misión de rescate del cuerpo de Gram. Ambos, que llevaban más de un día alcoholizados, consiguieron un coche fúnebre sin matrícula y sin apenas cristales y se fueron al aeropuerto de Los Ángeles, que es donde debía llegar el cuerpo de su difunto amigo para luego salir en avión hacia New Orleáns. Ambos se pusieron trajes para aparentar seriedad, pero al rato descubrieron que no colarían con esas pintas y decidieron vestirse con la indumentaria típica de vaquero. Cuando llegó el cuerpo Kaufman convenció a un agente de que la familia quería que el féretro fuera por carretera y de que él se encargaría de llevarlo. Kaufman incluso le pidió a un policía que le ayudara a meter la caja en el coche sin matrícula y lo consiguió.
Colocados hasta las cejas y con la adrenalina a tope, Kaufman (38 años) y Martin (24) viajaron toda la noche con el cuerpo recién robado y de camino a Joshua Tree compraron una garrafa de gasolina. A eso de las cuatro de
la noche llegaron a Cap Rock, que es donde solían colocarse toda la pandilla y decidieron quemar el cuerpo con la caja incluida. El caso es que vieron algún coche pasar por la zona y pensaron que la policía iba detrás de ellos, por lo que huyeron dejando el trabajo a medio hacer.
Después de esconderse unos días, los ladrones del cuerpo de Gram leyeron en un diario que la historia ya se conocía públicamente y que la policía, por lo tanto, les estaba buscando y decidieron entregarse. El juez sólo pudo condenarles a pagar los gastos del ataúd, ya que el precio de un cadáver es cero y no se considera robo.
Kaufman, incapaz de pagar los gastos de ataúd, decidió organizar el Kaufman's Koffin Kaper Koncert, o sea, un concierto benéfico para pagar su condena.