BelfastGuinness en el mÃtico pub The Crown.
EL FESTIVAL TOMMY MAKEM
Dicen que el festival celebra la vida de Tommy Makem, o sea, el "padrino de la música irlandesa". Teniendo en cuenta que de esa música, algunas más y algunas menos, toman prestados algunos elementos un sinfín de familias músicales (léase country, rock&roll, gospel, ...), considero que Makem es un PADRINO en mayúsculas.
Una vez habiendo asistido al Festival, sospecho que algo de su muerte se celebra ahí también. Situado en un salón subterráneo del Armagh City Hotel muy apropiadamente llamado The Bunker, el Festival está organizado por Peter, el sobrino de Tommy. Supongo que por falta de patrocinadores, el evento, ya en su décima edición, sigue siendo una modestísima reunión de los viejos folkies de los 50, hoy octegenarios.
Peter es un buen anfitrión y no tardó en saludarnos e identificarnos.
"Tú eres el chico español que llamó anoche a casa, ¿verdad? Sentáos, hoy será una gran noche, vendrá mucha gente."
"¿Esto empieza a las ocho, no?"
"A las ocho, IRISH TIME..."
Un par de horas se fueron en entregar los premios TOMMY MAKEM a celebridades locales, a escuchar sus adornadas biografías y posteriormente a disfrutar de la modestia de sus agradecimientos.
Cuando se levantó la sesión para poder degustar unas salchichas y montaditos de hojaldre, pocas ganas me quedaban de seguir en ese festival, ya que poco a poco tuve la impresión de estar en unas bodas de platino en las que yo no venía por parte del novio ni de la novia...
La primera nota, el primer acorde musical no sonó hasta las once. Reconocí "Banks Of The Canal Royal" y "Star Of The County Down", interpretados por un grupo que había mantenido la típica relación alumno-maestro, algo muy folkie por otra parte, con Tommy Makem. Luego empezó una pegadiza oda al whiskey, pero era hora de irse. Mucha energía se había ido en la entrega de premios. El problema principal era como salir sin quedar mal con Peter Makem, quien, como buen anfitrión, estaba de pie en la única puerta de acceso a The Bunker. Para la fuga había que pasar inevitablemente por ahí, y, claro está, me sabía mal tener que excusarse, y más teniendo en cuenta que el resto de octegenerios resistían sin pestañear tanto vapuleo folkie y no tenían intención de marcharse. Pensé en el motto trilero de "la mano es más rápida que la
vista" y pasé a la velocidad de la luz ("tó follao") por delante de Makem, quien salvo notar una leve brisa en su rostro, no debió de darse cuenta de nada. Eso sí, tampoco me giré para comprobarlo...
EL DESAYUNO
Siempre me ha fascinado ese ambiente, ese sonido que se produce en los desayunos con desconocidos.
Al despertar, los humanos acostumbramos a disponer el cerebro en un estado de alta vulnerabilidad a los peligros externos, y al estar pues a la defensiva, cualquier acto minúsculo aparentemente inofensivo puede provocar ataques agudos de irascibilidad.
El despertar casi siempre es jodido. Atrás queda la juerga de anoche, una fase REM demasiado profunda, el haber apenas dormido, aquel sueño que te permitía disfrutar de placeres o logros seguramente inalcanzables....
Abre el día y toca afrontar pruebas, problemillas, problemas y auténticos marronazos. Toca jugar, toca vivir, y por lo tanto toca sufrir y, ojalá, disfrutar.
Cuando hay confianza, ya sea con la pareja o con los amigos, uno puede dar rienda suelta a su profunda frustración por tener que despertarse demasiado pronto (o demasiado mal) y uno puede permitirse un berrinche, o estar insoportable, y quizá aún
obtiene la comprensión de los demás... "Bueno, es el Jofre... el Jofre es así... No es mal tío"
¿¡Pero delante de desconocidos!? Ahí uno siempre deberá reprimirse. No es muy recomendable montar un numerito delante de demás gente y descubrirse ante la sociedad como un ser inestable, con dudas, con manías... Y eso solamente por puro egoísmo, ya que lógicamente nos sentiremos mejor si no quedamos en evidencia ni enseñamos de lo que estamos hechos, sobretodo si no es bueno. Mantener un perfil bajo, como mínimo para disimular lo malo... Y eso sí, si hay algo bueno, ¡A COMERSE EL MUNDO!
En un desayuno con desconocidos se juntan varias psiques en pleno proceso de arranque. No todas estas psiques tienen porque ser compatibles. Pese a los cuerpos recién duchados y el olor a champú de pino suizo, un pequeño sorbo de café que suene más asqueroso de lo habitual o una simble cucharilla que agite la taza de forma demasiado estridente, combinada con la frustración de que la mantequilla no se derrite bien en la tostada, puede provocar que una gran lagaña se extienda por el cerebro de cualquiera de los desconocidos. El siguiente paso, una explosión nuclear
de más de mil megatones. Pero la Humanidad tiene autodefensas para ello y para empezar, un cerebro adormilado es un cerebro perezoso, y prefiere no meterse en problemas. Preferirá dejar pasar esas ofensas en forma de ruidos y se conformará con poder sostener con las manos el calor de una taza para relajarse o dejar la mirada perdida para no encontrar receptor...
El desayuno es la comida más importante del día.
EL GOLF
Ese estado de cerebro semi-adormilado, lleno de jaqueca y migraña, se reproduce también al levantarse de una siesta superior a los diez minutos; y en ese mismo estado semicatatónico me decidí por ir a tirar unas bolas en el campo de prácticas de golf que hay al lado del Armagh Hillview Inn. De tal sonámbula decisión se derivaban miles de peligros de los que no era del todo consciente, tales como alguna lesión de espalda, el abrirle la cabeza a alguien o convertir algún pobre pajarito que volara por ahí en pajarraco viejo y tullido... Pero, como por Murphy todo irá peor de lo peor imaginable, caí en un peligro más doliente: el ridículo.
Mi último swing de golf debió de ser
hace unos veinte años, cuando ahí a mediados de los ochenta, en el Club de Golf de Sant Cugat (esto suena a nivel, ¿verdad?), decidí decantarme más por las enseñanzas teóricas del golf que por las prácticas. Una de las anécdotas favoritas de mi madre, que siempre cuenta cuando habla de su queridísimo hijo, es que al parecer en poco tiempo memoricé todas las normas de ese deporte. Exagerando, mamá dice que incluso llegué a saberlas mejor que los profesores, lo que me deja como un niño repelente que no recuerdo muy bien si llegué a serlo.
En fin, una vez concluido tal aprendizaje, y puesto que era evidente que saberme el reglamento no me aportaría mucho más, mis padres decidieron desapuntarme del Club de Golf de Sant Cugat y buscarme otros intereses sin apenas haber lanzado una bola de golf más allá de cincuenta metros. Si soy o no un pijo de Sant Cugat, te lo juro por Snoopy que me suda bastante la polla, osea...
[Joder qué mareo me provoca el ferry Belfast (Irlanda del Norte)-Stranraer (Escocia) desde el que escribo...]
Pues volviendo a la escena a la que me estaba refiriendo... "tó adormilado" me
dirigí a la máquina expendedora de pelotas de golf y le tiré el pound que me pedía. En ese preciso momento, justo cuando la moneda realizaba el último contacto con mis dedos, caí en la cuenta que las bolas saldrían por un agujero y que me había olvidado de poner el cesto correspondiente para retenerlas en un cubículo. En apenas veinte nanosegundos activé todo un proceso físico y mental para evitar que todas las bolas se desparramaran por la zona de prácticas, pero de la treintena que salieron, apenas salvé las últimas cinco. Las demás, por Murphy también, claro está, se metieron en los más insospechados recobecos y me llevó más de cinco minutos en recuperarlas todas.
Pero todo tranquilo, ya que nadie me había visto, y si nadie te ha visto, no ha sucedido. La satisfacción duró poco, ya que caí en la cuenta de que debería de tener un palo para poder lanzar las bolas (síndrome del cerebro adormilado, otra vez) y por ahí no había ningún ser vivo que me lo pudiera proporcionar. Entonces, el ridículo.
Una voz un tanto distorsionada sonó desde la máquina expendedora de bolas. Levanté la vista y ahí estaba: una
cámara de seguridad. Al momento me vi apareciendo en todos los programas de cámara oculta del Reino Unido, como el gilipollas que no pone la cesta debajo de la máquina de bolas y la arma gorda. Además, me dio rabia que no verle la cara al tipo que me hablaba desde su puesto de vigilancia, aunque pensándolo bien, y después del descojone que se había dado a mi costa, quizá prefería únicamente escucharlo...
"Pardon, sir. We're closing the golf range right now. Please keep the balls with you and if you want, you can como tomorrow morning to do some practice..."
Y regresé hacia mi habitación con una cestita llena de pelotas de golf...
BelfastSamson y Goliath, de Harland & Wolff, la misma empresa que construyó el TITANIC.
BelfastSamson y Goliath, de Harland & Wolff, la misma empresa que construyó el TITANIC.
Belfast¿Daniel Johnston en Belfast?