Emily Utschig
Literatura Española
10 de diciembre 2008
La Primera Muerte, Narrativa de Posguerra
“La Primera Muerte” por Alonso Zamora Vicente fue escrito en 1953. El cuento, uno de los de la posguerra, narra el relato de un niño en los momentos después de la muerte de su madre (y, por esto, el título revela que es la primera muerte en la vida del niño). El narrador del cuento es el niño, y por esto el lector realiza el viaje por medio de sus ojos. En “La Primera Muerte” el viaje del niño parece como los demás pero no lo es, porque encamina al niño hacia su madre muerta y lo devuelve a un mundo que no será el mismo. El lector está situado en el recuerdo del niño, en la medida de lo posible, y puede revivir sus recuerdos de la infancia con una sensibilidad diferente.
“La Primera Muerte” empieza cuando el narrador dice que su madre ha muerto. La manera en la que lo revela es un poco rara: “Mi madre murió pronto. No murió en casa, sino en un hospital de Carabanchel. Fuimos todo los hermanos a verla el día que la habían operado, sin saber todavía que había muerto.” Las oraciones muestran que era un niño y no entiende la importancia del evento, o que el momento es un de gran impacto y no siente nada ahora; pero va a sufrir un gran impacto en el futuro. Durante el cuento, el lector se da cuenta de que el narrador es un niño y solo tiene la aptitud para recordar lo que está viendo, sin mucho sentimiento.
Como sigue, el narrador describe el viaje al hospital: “…pasaba por debajo del arco grande de la Puerta y luego runruneaba monótono toda la cuesta hasta el río...”. El cuento es como un diario donde el niño pone sus propias reflexiones en medio del relato. Y como es de esperar, la gramática y la forma en que se escribió es la propia de las aptitudes de un escritor joven. Los comentarios de los mayores acerca de él se incluyen en el cuento sin una pausa sin mencionar quién lo dice, “Cruzado, el río, ¿Por qué pasa tan deprisa el puente?, no se ve nada; es que solo hay una vía, no preguntes tanto…”. Hay muchos otros ejemplos que da el lector fe de que sí, el cuento fue escrito por un niño: “Los Mataderos. Se empieza a ver la sierra, quedan atrás los cementerios. El cruce con el trenecillo de los Ingenieros. La plaza de toros de Vista Alegre.” Sus oraciones son cortas y sin muchos detalles o formación completa. Todo esto muestra la habilidad de Alonso Zamora Vicente porque el lector puede creer que realmente lo ha escrito un niño.
El hecho de que el niño sea el narrador es muy interesante porque así puede mostrar su mundo al lector. No es una persona mayor que puede describir cosas con más detalle o expresar los sentimientos que le están ocurriendo; sin embargo esto es perfecto porque está en el medio de los eventos. El lector entiende lo que está ocurriendo—un muerto y un comienzo de una vida del niño sin su madre—pero todo está revelado como lo ve el niño. Hay un contraste con el mundo de los mayores también: “y a Elisa que llora a grandes gritos, que se cae, el sombrero se le vuelca... (mira, vamos allí, se le ha caído el sombrero de Elisa, se la va a mojar)…Dorotea es una llorica y las señoras no dejan de suspirar y de decir: pobrecito, tan pequeño.” Lógicamente, el narrador relata su experiencia sin comprender por qué las personas mayores hacen lo que hacen.
El cuento continua con las reacciones de los mayores. El niño solo está preocupado por el sombrero de Elisa (se cayó) y los mayores son obstáculos frente a él para recoger el sombrero caído: “Me llevan a una habitación donde hay unas señoras que no conozco, preguntan ¿es este? señalándome, me dan caramelos, yo quiero ir a recoger el sombrero.” Todo lo que sucede en “La Primera Muerte” es un recuerdo del narrador. Hay una acumulación de los elementos del recuerdo: diálogos, pensamientos agolpados por lo que dice el
niño o le dicen y aplicación del monologo interior.
La obra de Vicente continua de esta manera con las reacciones de los otros que dan la condolencia al niño y el niño solo puede mirar: “Todos discuten, todos quieren ir al entierro, todos están de acuerdo en que el niño no. Y ya en casa, el niño no, que se llevan al niño, ropas para el tinte, y el niño no, solamente mañana no.” El narrador entiende que no tiene el poder de discutir con los mayores. Él lo acepta y ve que todos están preocupados con lo que él pueda hacer, pero no da mucha información al lector de sus sentimientos sobre ello. No obstante, la manera en que todo está revelado muestra que a él le molesta su falta de opinión en las conversaciones porque las palabras cortas de los otros “el niño no” interrumpen cada idea. De cierta manera, este le molesta al lector también. Hay solo una oración que parece revelar su frustración con todo: “Siempre con esa historia de que soy pequeño.” Aun así, el lector puede entender el ambiente en que está el niño y la relación de su familia con la muerta.
“La Primera Muerte” por Alonso Zamora Vicente fue escrito en 1953, una época después de la Guerra Civil y diferente que los precedentes. La literatura narrativa de los cincuenta es conocida por su tono existencial y pesimista. Durante este tiempo fue común que los narradores abandonaron el tratamiento de las preocupaciones personales para dar paso a las colectivas. También el Realismo social y crítico se inicia. Además, el estilo es sencillo y a veces consiste en la subjetividad con sus opiniones acerca de lo que observan. Otros usan la objetividad cuando el narrador se limita a reproducir la realidad y no opina sobre ella. “La Primera Muerte” es parte del segundo aspecto que consiste en la objetividad. Durante el cuento, el lector nunca sabe las opiniones o sentimientos del personaje principal. La realidad es muy clara y las acciones y diálogos son evidentes, pero las emociones del niño nunca se revelan. El lector puede imaginar que él está lleno de tristeza, frustración y confusión pero solo se ven los objetos concretos cerca de él y lo que está pasado. El narrador es un poco como un narrador omnisciente, pero es obvio que la voz es uno de los personajes.
Además, “La Primera Muerte” es una parte de la narrativa de posguerra porque sí tiene las mismas características de la época. El cuento sí es pesimista porque lo narra un niño cuya madre ha muerto. Todos los mayores se sienten mal y tristes, más por él que por ellos mismos. Es cierto que el cuento está lleno del realismo. La tristeza por un muerto no está ignorada o deformada con metáforas o una exclusión de la angustia. Para ampliar el realismo de la situación, todo esto está dicho por un niño ahora sin madre. La verdad no se esconde. Todo esto está en paralelo con la época de la posguerra porque la gente quiere la verdad y una reflexión de la vida real y
difícil.
Al final del cuento, hay un sentido de felicidad, pero una felicidad irreal. Se dice: “Y aprieto entre mis dedos con una oculta alegría, un par de cerezas del sombrero, son de cera, medio deshechas ya, y destiñéndose.” El niño está feliz porque tiene estas cerezas de cera, pero el lector sabe que su futuro es bastante diferente y triste ahora. También, es posible que él esté tratando de buscar la felicidad dentro de todo el cambio, pero este análisis no es feliz tampoco porque la realidad es lo más importante y no se puede evitar. El niño está solo al fin, con sus propios pensamientos y estas cerezas “medio deshechas ya”. Todo da la impresión que va a estar solo en su futuro y que el comienzo de su camino a la edad adulta ha empezado.