30 DE OCTUBRE DE 1989 Era una habitación preciosa. Bueno, después de noches de vela en mesas de restaurantes carreteros, parecía el palacio de la bella durmiente: tenía luz, lavabo, ventanas, armario, cobijas, ¡incluso había unos catres doblados! La felicidad, por suerte, no nos quitó la prudencia: cuidándonos de no tocar nada, sacamos nuestro pan, más el queso y el jamón amablemente obsequiados por una tienda holandesa, preparamos unos sandwichitos, extendimos los sacos de dormir... Y nos propusimos levantarnos a las seis, para evitar problemas. Cuatro horas bien dormidas parecía
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